Cine | Todos somos “Los olvidados”

Los olvidados - Venimos del desierto

“Las grandes ciudades modernas: Nueva York, París, Londres, esconden tras sus magníficos edificios lugares de miseria, que albergan niños mal nutridos, sin higiene, sin escuela; semillero de futuros delincuentes. La sociedad trata de corregir este mal, pero el éxito de sus esfuerzos es muy limitado. Sólo en un futuro próximo podrán ser reivindicados los derechos del niño y del adolescente, para que sean útiles a la sociedad. México, la gran ciudad moderna, no decepciona a esta regla universal. Por eso, esta película está basada en hechos de la vida real, no es optimista y deja la solución del problema a las fuerzas progresivas de la sociedad”.

Pocos filmes hechos en México han generado tanto eco en el mundo como aquellos que realizó el aragonés Luis Buñuel en territorio nacional.  Entre estos (todos ellos que van de rozar el título de obra maestra, hasta películas de una calidad superior a las de la época) sobresale el que le valió el premio al mejor director del festival de Cannes de 1951 y un reconocimiento -que pocos trabajos cinematográficos han alcanzado- de la UNESCO como “Memoria del mundo”: Los Olvidados.

La película, de 1950, nos enseña la vida de un grupo de muchachos, jóvenes y niños, que van guiados por el Jaibo (Roberto Cobo), un joven delincuente que se acaba de fugar de la correccional, para ver así cómo su mala influencia afecta al grupo, en concreto, a un joven llamado Pedro (Alfonso Mejía).

¿En qué recae la grandeza de esta película?, principalmente en el retrato frío y contundente de la miseria que se vive en los barrios olvidados de las grandes urbes (con las que da inicio la película, para mostrarnos que esto se repite en todos lados), con la juventud que malvive en la pobreza y la delincuencia que va de la mano tanto con la falta de educación como de la de justicia. Todo esto creó mucha polémica en su época, tanto que el filme solo duró cuatro días en las salas de cine antes de ser quitado por las quejas de las personas. La verdad, en ocasiones, es dolorosa.

Otra de las cosas notables es el dibujo psicológico de sus personajes y sus escenas. Buñuel nos derrumba concepciones creadas, en las que los niños son tiernos, o que los ciegos siempre son bondadosos, nos muestra la crudeza del mundo. Todos los personajes son olvidados por sus padres, por la sociedad o por algo;  todos víctimas, pues no se puede juzgarlos de buenos o malos, ya que el mismo sistema los relega. En uno de sus diálogos se deja en claro:

Si en lugar de esos, pudiéramos encerrar para siempre la miseria.

Pero en este filme neorrealista, Buñuel no podía desapegarse del surrealismo que lo caracterizó y lo vemos en uno de los sueños de Pedro. También tenemos ese tema tan recurrente en todas sus películas que es la sexualidad, que nos las muestra sin siquiera ver el acto mismo, dejando todo a la imaginación del espectador, como en la escena en que una joven se derrama leche sobre las piernas o con la simpleza del cerrado de una puerta.

Acompañando todo esto, y una de las razones por las que alcanzó el grado de obra maestra –a mi humilde parecer- se encuentra en la fotografía de Gabriel Figueroa, uno de los más grandes fotógrafos de México y del mundo, que con sus contrastes y el blanco y negro, nos da esa esencia de tragedia que no se despega ni un minuto de la cinta. Sumando a estas razones tenemos una magnífica obra de montaje que muestra la fluidez de un relato hablado y con el cual nos vamos moviendo a través de cortes perfectamente realizados que logran que la atención no se pierda jamás, transmitiendo así  exactamente lo que se quiere, ya sea una continuidad o el transcurso del tiempo; y también contemplamos las escenografías y las locaciones reales, cuya combinación es tan perfecta, que es difícil identificar cuando se trata de una u otra.

Todos estos elementos en conjunto crean una armonía pocas veces lograda en el cine, y esa es la razón que hace que “Los olvidados” se mantenga tan presente el día de hoy. No queda mucho más que decir, sino pedirles que la vean y sepan que los temas tratados son igual de actuales que hace más de cincuenta años, cuando se estrenó.  Esto es cine puro.

Luis Buñuel, Los olvidados, México, 1950 from Exilio Regreso on Vimeo.

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Por: Pedro Manuel Burgos Quintero

Ing. en Diseño Industrial, amante del cine y artista plástico.

Supersiquiatra

Metahumano

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