Lo fugaz como insólito: Una mirada a “Los insólitos peces gato”

los insolitos peces gato - venimos del desierto

El cine mexicano se ha ido abriendo surcos en el medio internacional estos últimos años a pesar del poco apoyo que existe de parte del gobierno a esta industria y aun así, constantemente se habla de películas que ganan premios en el extranjero.

Es frecuente que estos filmes no sean tan fáciles de encontrar en el cine, debido a que solo duran unos días en cartelera y a veces ni completan la semana. De entre estos me gustaría hablar de uno que me dejó un muy buen sabor de ojos, la ópera prima de la directora Claudia Sainte-Luce: Los insólitos peces gato.

Partiendo de un guion escrito por ella misma, con situaciones personales y un tanto autobiográficas, nos narra la historia de Claudia (Ximena Ayala), una joven solitaria y con rostro triste, que trabaja en un supermercado. Una noche termina en el hospital, en el cual se topa con Martha (Lisa Owen) y sus hijos, comenzando una relación muy peculiar.

El filme comienza sin ninguna línea de diálogo y tan solo imágenes de la vida de Claudia. Vemos su recorrido, su trabajo, su soledad, todo se refleja en pantalla, sin ayuda de un narrador o una de esas conversaciones que nos ponen al tanto de lo que estamos viendo. Esto nos remite a un buen cine, ese cine en el cual se utilizan realmente los recursos cinematográficos, en los cuales las imágenes nos hablan, nos dicen quienes son los personajes, como es su entorno e inclusive lo que piensan de la vida y no nos lo dejan a diálogos vacíos o reiterativos.

También, a pesar de ser un drama, a momentos nos dotan de una atmósfera surrealista, en la cual Claudia, poco a poco y sin saber cómo o por qué, termina relacionada con esta familia tan peculiar, en la cual ninguno de sus miembros se parece al otro, y todos parecieran convivir en medio de un caos, que contrasta con la tranquilidad que emana la figura principal.

La fotografía, a cargo de Agnés Godard, es muy efectiva, manejando una amplia gama de colores vivaces que contrastan con los oscuros. El vocho amarillo nos recuerda a Little Miss Sunshine (2006), así como otros guiños al cine independiente estadounidense. Las actuaciones son muy buenas, recalcando la de Ximena Ayala y Lisa Owen, que cargan con los protagónicos y que los manejan de una manera espectacular.

Si tienen oportunidad de verla, háganlo, la cinta posee identidad propia, haciéndose notar un estilo bastante único para narrar de su directora y que promete muchas más cosas buenas por venir. Se abren, poco a poco, las brechas para el cine mexicano.

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Por: Pedro Manuel Burgos Quintero

Ing. en Diseño Industrial, amante del cine y de la escritura.

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