El ático presenta: Una opinión anónima y sincera

Respeto - Venimos del desierto

El siguiente texto nos llegó al correo de la revista y nos pareció muy necesario publicarlo. Es de una persona que nos pidió mantener su anonimato y así será.

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Elitismo: sistema favorecedor de las élites. Élite: minoría selecta o rectora. Rectorar: gobernar. Gobernar: regirse según una norma, regla o idea. Idea: concepto, opinión o juicio formado de alguien o algo. Racismo: exacerbación del sentido racial de un grupo étnico, especialmente cuando convive con otro u otros. Discriminar: dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc.

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Lo anterior lo afirma la Real Academia Español (RAE), pero yo aún le agregaría lo siguiente:

Gobernar: mandar lo que uno cree, sin averiguar.

Idea: palabra fuera del campo semántico de la palabra regla o norma.

Racismo/discriminación: el peor error del ser humano causado por una deficiencia progresiva del criterio y conocimiento, mismos que pueden ser alimentados o envenenados día con día.

Elitismo: principal defecto de Ciudad Obregón.


Lo anterior no es con la intención de ofender, sino de informar. Soy orgullosamente Obregonense, y lo que escribo es porque lo he vivido, no porque me lo hayan contado. Con una población de 298,625 habitantes, yo, sólo una unidad más entre esos millares, voy perdiendo el entusiasmo con el que volví a ésta, mi ciudad natal.

La primaria y la secundaria fueron lo suficientemente difíciles, pero hoy puedo hablar de ello y reírme de ese bullying y rechazo al que me sometieron. La prepa fue complicada, pues mis decisiones para lo profesional no encajaban con el plan que mis padres ya le habían hecho a una vida que no les pertenecía, la mía.

Ahora ya encarrilada, luchando por lo que siempre dije que iba a luchar, es muy fácil juzgarme. A la sociedad y a mis mismos padres no les es suficiente el creer que si me equivoco, la vida misma me lo va a cobrar. Por esa falta de confianza, manipulan y empiedran mi camino ya no con la elegancia de los callejones adoquinados de otras épocas, sino con el cinismo de este siglo XXI.

Dije que este artículo era para informar, pero permítanme corregirme, también es para educar. Dirán que una joven de 21 años no tiene poder, experiencia, ni voz para educarlos, pero igual haré el intento.

Suelo hablar de cómo el arte educa y une a las personas; de cómo le falta cultura a esta ciudad, y otros temas relacionados. Pero hoy tomaré un tema más sencillo que debí haber desarrollado antes de hablar de cosas tan refinadas como el arte.

Hay algo en esta vida que se llama respeto. Es de esas cosas abstractas que no se ven pero que están y que son indispensables para sobrevivir, como el aire, el amor, y Dios. En esta ocasión no recurriré a la RAE sino a mi sentido común.

Respetar no significa estar de acuerdo, significa no cruzar la línea de la libertad del otro. No es pensar igual que alguien, es guardar cordura aunque creas que lo otro es una locura. Respetar es escuchar con atención; es comprender que aunque seamos de la misma sangre hemos sido expuestos a situaciones distintas que nos han formado un criterio distinto.

Si estás leyendo con atención y vives en Ciudad Obregón, comprenderás a qué me refiero. Si estás cansado de cuidar cómo te ves, de preocuparte por lo que dicen, y esconder lo que realmente quieres y en lo que realmente crees, te doy un consejo: empieza por ti.

Deja de hablar de lo que te dijeron que alguien hizo; deja de reírte de la desgracia ajena; no des información de lo que viste sin saber, porque la vista es solo uno de los cinco sentidos externos que tenemos; no repitas y agregues tu parte; deja de compartir rumores que destruyen y que no tienen fundamento.

Por otro lado, dejemos de hablar de geografía, porque la realidad es que no conocemos ni nuestro propio mapa. Los que creen que Ciudad Obregón es de Villa California a la colonia Campestre, y de la calle Kino a la Miguel Alemán, son los mismos a los que dirijo mi escrito, y me atrevo, por la única e inocente verdad de que crecí en este círculo.

Crecí viendo una doble moral; gente que acusa a los artistas de viciosos, pero que excluye los casinos, el tabaco y el vino de su concepto de adicción. Un mundo donde vestir bien es más importante que el saber, el entender y el conocer. Donde en lugar de conocer a las personas, las investigamos y averiguamos “de quién es hijo” para sentirnos tranquilos.

Se nos olvida que somos raza humana y hasta ahí; más allá de este concepto no debería haber más divisiones. Porque una cosa es la desconfianza, pero otra muy distinta es la ignorancia que nos priva de conocer personas maravillosas.

Si estás leyendo esto y no eres Obregonense, permíteme agregar, que esta ciudad tiene otras miles de cosas buenas y no hay solo negatividad. Pero si estás leyendo esto, eres Obregonense, y además te sientes molesto después de leerlo, te recomiendo que tomes aire y lo vuelvas a leer, pues lo que digo es cierto aunque a mi también me duela escribirlo.

Con el corazón en la mano, mis sueños expuestos, y todo en lo que creo, te invito a que juntos rompamos este ciclo elitista que permanece hambriento de respeto.

Supersiquiatra

Metahumano

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