La política cultural pública: una mirada distinta… oportunidad para el desarrollo

La politica cultural publica - Venimos del desierto

Hablar de política cultural, no es fácil si de principio los términos Cultura y Política no están claramente definidos. De entrada sabemos que las nociones de estos términos pueden ser variadas, e incluso cuando creemos que conocemos claramente su significado y sentido en ocasiones las aplicamos incorrectamente.
Es de suma importancia que organizaciones, instituciones y demás agentes involucrados directamente en el campo artístico, educativo, cultural y gubernamental, tengan un amplio conocimiento de las nociones que en los variados procesos de desarrollo cultural estos términos son empleados, a fin de no caer en acciones con objetivos pretenciosos, descontextualizados, o bien de carácter engañoso o intrascendente.

Una vez que se tienen claras estas definiciones y diversas nociones, resulta más sencillo reconocer el término “Política Cultural”. Un grupo de expertos entre los cuales destacan el Dr. Eduardo Nivón Bolán, la definen, desde la perspectiva pública como: “cuerpo de principios operacionales, prácticas y procedimientos administrativos y presupuestarios que proveen de una base la acción cultural del Estado”. Es decir, la Política Cultural muestra los caminos en términos organizativos, económicos y conceptuales en los que se desarrollarán concretamente las acciones culturales de orden público. Dichas acciones se han venido haciendo más complejas en la medida en que para garantizar, fomentar, difundir y favorecer el acceso de los ciudadanos a los bienes culturales, debe tomarse en cuenta la estrecha relación de la cultura con los procesos comunicativos y de información, de tal forma, que ésta y otras complejidades se imponen como serie de desafíos en los que la Política Cultural Pública debe perfilarse ante su estrecha conexión con las demás áreas de desarrollo en nuestro país.

Es prioritario poner sobre la mesa de diálogo los puntos urgentes que en materia de cultura se observan, pero sobre todo urge analizar y debatir antes de dirigir alguna acción pública, ya que tales acciones en ocasiones tienden a carecer de sentido y pueden conducir al desgaste, desperdicio y/o deterioro de todo tipo de recursos.

Como primer punto para el diálogo se encuentra, la trascendencia que debe tener la Política Cultural a los compromisos del Estado; es primordial que las acciones sean dirigidas involucrando tanto a los distintos sectores y niveles de gobierno como a los principales actores de la sociedad civil independientemente de colores partidistas y de la temporalidad de los gobiernos), a fin de lograr una mayor participación de acuerdo a las responsabilidades y ámbitos que les corresponde. Asimismo, es necesario estrechar relaciones entre las iniciativas privadas y sociales, a las cuales todavía no se logra convencer del beneficio que aporta el desarrollo cultural (goce y disfrute del patrimonio, el fomento a la creatividad, a la producción de bienes culturales y a la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones).

En segundo lugar, se encuentra la brecha inmensa a la que se enfrenta el estado para satisfacer completamente las necesidades de bienes, servicios y apoyos financieros para la cultura, resulta complejo abarcar las múltiples demandas que el sector requiere, de tal forma la gestión cultural debe compartirse e instrumentarse entre los sectores público, privado, social y civil.

Otro importante desafío impone considerar a la Política Cultural desde una perspectiva de largo plazo. Es difícil construir acuerdos, llevar a cabo acciones y sostener un presupuesto que no necesariamente se aplique en un cierto límite de tiempo en el que los gobiernos ejercen su administración. De tal forma que el sector cultural debe lograr que su base económica se diversifique y crezca, a fin de alcanzar la autosuficiencia en la generación de empleos y fuente de ingresos.

Resulta preponderante, atender el sentido de la Cultura como un instrumento para el diálogo, la cooperación y la competitividad internacional, garantizando y atendiendo los derechos a la diversidad cultural; enfatizando las grandes potencialidades de nuestro país como: el turismo cultural, el patrimonio y la creatividad artística, creando mecanismos de protección y defensa de nuestra producción e identidad cultural, dentro de los marcos planteados desde el ámbito internacional.

Por último, reconocer que el sector cultural no sólo aporta beneficios estéticos para el desarrollo integral de los individuos, se debe entender también como una forma de consolidar la democracia, ampliar el disfrute de bienes y servicios culturales y sobre todo, la capacidad creativa de la comunidad, así como la protección al patrimonio y en general a los bienes artísticos y culturales, atendiendo a la diversidad y a los derechos culturales en todos los sectores de la sociedad.

Así pues, al exhibir algunos de los principales puntos de análisis, se manifiesta la urgente necesidad de involucrar a la Cultura con las políticas de desarrollo, en la comprensión de que la dimensión cultural es un eje estratégico básico para afrontar los retos actuales. De tal forma que el Programa de Cultura se debe construir como una expresión de las políticas públicas en el entorno económico, productivo y administrativo, como un instrumento de mediación entre los intereses creativos y de acceso a la cultura que tienen los diferentes sectores de la sociedad, así como la disposición de los medios y los recursos humanos, materiales, financieros y de servicios con los que se cuentan. Este es un buen momento para que los gobiernos le otorguen el beneficio de la duda y le brinden una oportunidad con mirada distinta al sector cultural.


Por: Ana Laura Aguilar Torres
Especialista en Políticas Culturales y Gestión Cultural

Supersiquiatra

Metahumano

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