¿OÍSTE ESO?

El mundo es un buen lugar para vivir, por el que vale la pena luchar.
-Ernest Hemingway

-Oye, oye, ¿oíste eso?

– ¿Mmm…que… qué quieres?

– ¿Oíste el ruido?

– No… no… me acabo de despertar

– Se escuchó muy fuerte hasta tembló la recámara

– Me voy despertando… cuando me moviste… no oí nada.

– ¿Qué sería?

– Otro de tus delirios de persecución…

– No, en serio te lo juro que esta vez sí lo escuché.

– ¿No tomaste la pastilla verdad?

– ¿Por qué nunca me crees? Siempre me tiras a loca.

– Ya llevas dos semanas con esto…

– Cuando menos deberías levantarte y ver por la ventana. A lo mejor alguien entró a la casa.

– Duérmete.

– A lo mejor nos encontraron…acuérdate de lo que dijeron.

– ¡Oh que fregados! Voy a revisar esa maldita ventana sólo por tus estúpidos inventos… ¿Ya ves? no hay nada. ¿Dónde están tus pastillas para dormir?

– Deberías revisar toda la casa, o cuando menos bajar a la sala, te juro que clarito oí que hablaban unos hombres con acento norteño… luego un ruido, y luego prendí la luz…

– ¡A ver, a ver! Cálmate por favor, olvídate de eso, estamos muy lejos, jamás nos van a encontrar, eso ya quedó en el pasado, olvídalo. Toma aquí están tus pastillas.

– ¿Y si ya nos encontraron…? ¿y si esta noche vinieron por nosotros?

– ¡Ssssht! Olvídalo, grábate bien esto ¡jamás nos van a encontrar!

– ¿En serio? ¿me juras que nunca nos van a encontrar?

– Te lo juro, te lo juro, pero anda toma tu pastilla.

Ella agarró el vaso de agua y tomó una píldora.

– Deberías tomar una también tú -dijo suplicante ella.

– Con una condición-sentenció con seriedad él.

– ¿Cuál?

– Que vas a dejar de pensar en eso y dejarme dormir.

– Si, está bien amor.

Él agarró la pastilla y sin agua se la tragó, después fue a su lugar en la cama, ella apagó la luz y se acercó para abrazarlo. Él no la abrazo.

-Amor ¿verdad qué nunca van a encontrarnos?

-Nunca, nunca, pero ya duérmete.

Mientras tanto en la entrada de la recámara, en la semioscuridad un par de sombras atentas y con las pistolas hacia arriba, en silencio, con los dedos cuentan hasta tres para patear la puerta.

 

Agradecemos la colaboración de Rojo Humo.

Supersiquiatra

Metahumano

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