La disneylandización

En días pasados mientras esperaba alguien -¿Por qué demonios la impuntualidad se convirtió en costumbre aquí?- estuve bebiendo café en uno de los establecimientos que pareciera que estas en un patio de una casa acaudalada, o con la temática de un club de descanso –nomás que sin la tipica alberca en forma de un frijol-. El asunto es que al estar sentado ahí en la silla bajo la sombrilla de la mesa, no podía dejar de observar el piso.

Viendo los falsos adoquines que tiene el local. Es sólo cemento con un falso estampado que hace simular que son adoquines, incluso si te acercas, tiene relieves de imperfección como si fueran labradas a mano. Luego me percaté que la bocina que reproducía música era una simulación de roca camuflado con las plantas que tiene el local.

Luego volteo hacia la pared del pequeño almacén y tiene una imitación de piedra tallada recubriendola, pero me acerco y veo que es una especie de pasta industrial rellena de unicel pintada de colores ocres. Todo en el local es una simulación de materiales ¿Por qué no es adoquín de verdad? ¿Por qué tiene que estar revestida como roca una maldita bocina? Volteo alrededor y me remite a un flashback en mi penosa pubertad cuando fui a Disneylandia. ¡Exacto! Esto es como si fuera el mundo cursi e ingenuo de disneylandia.

No simpatizo mucho con el mundo de Disney. Como explicarlo, como había dicho en mi bochornosa pubertad fui a donde mandan los padres de clase media a sus hijos que hagan el peregrinaje hacía la meca del infantilismo y la fantasía.

Lo odié porque en un principio tuve problemas con los de seguridad ya que no me dejaban pasar porque tenía un playera de Bugs Bunny, y luego uno adentro observa que todo es un mundo de imitaciones cómo el icónico castillo que es una suerte de copia de materiales, la montaña mágica no es en realidad un montaña, aquella planta no es un planta sino un cámara de seguridad; si algún niño regordete vomita como manguera prendida, sin darte cuenta la bazofia desapareció en menos de un minuto dejando el piso aséptico; los cables, los motores, no se ve siquiera una mancha de aceite, nada puede perturbar el ambiente idílico de fantasía de Disney. Y eso me recordó al falso adoquín de la franquicia de café.

Y no sólo la cafetería ¿Ahora por qué demonios todo lo tienen que disneylandizar?

disney letrero

El concepto Disney comienza a esparcirse fuera de sus fronteras. Más allá de California, más allá de los Estados unidos. Es como la maldita cosa rosa amorfa y alienígena de la película “La macha voraz” –versión 80´s- que quiere acaparar con su modelo estructural idílico-espectacular a tiendas departamentales, a franquicias de comida –Mc Donald’s y el tétrico payaso de Ronald-; también a centros comerciales –algunos tienen juegos mecánicos y payasos adentro-; y hasta ciudades –Las Vegas- y municipios.

Hace poco visité la ciudad de Hermosillo y anduve paseándome por el centro y vi que renovaron el Parque Juárez de una forma “idílica y familiar”: los bancos le pusieron el colorido logo de la abreviación de Hermosillo: “hmo” en una tipografía infantil y los vagabundos no están ya que no lo permite la vigilancia. El pétalo de la realidad ahora ya no puede rozar la Plaza Juárez. Y tienen que copiar al “bonito” y “placentero” concepto de Disneylandia para remediarlo.

Después observo el cerro de la campana y noto una novedad: en gigante un letrero luminoso la marca de “h” en azul, “m” en verde y “o” en amarillo. ¡¿Qué demonios pasa aquí?! Es ahora una mezcla entre el letrero de Hollywood y Playskool. Disney me viene a la mente de nuevo.

Saliendo del sopor introspectivo a la llegada de una amistad salimos del café y en el cruce de una calle veo la farmacia y ¡Otra vez Disney! Una botarga bailando promocionando fármacos baratos; luego pasamos por la entrada del fraccionamiento siguiendo el modelo del castillo de Disney: banderillas multicolores por todos lados, pilares y arcos gigantes simulando la entrada a un reino perfecto y terminamos en la Laguna y –otra vez- altavoces camuflados con música melosa para los paseantes para absorber el paisaje idílico de la laguna artificial y lo atraviesa un cable de tirolesa para que los paseantes se diviertan, ¿Ahora todo espacio público quieren convertirlo en un parque de diversiones?

Tal vez sea mi paranoia, pero volteo alrededor y no puedo evitar pensar en que parte del espacio de la ciudad este la cursi y falsa idea de convertir el mundo en Disneylandia. No me gusta la idea que nuestro entorno cotidiano imite al empalagoso e ingenuo mundo de Disney.

5 Comments

  • Responder Abril 17, 2013

    Lowez

    Muy cierto!
    Standarizando la realidad

  • Responder Abril 3, 2013

    Fatima (Lis)

    De repente volteamos y sin estar bajo la influencia de ningún estupefaciente o enervante podemos ver que también hay muchos personajes de Disney, la sociedad del simulacro, del teatro, del chiste y del terror.

  • Responder Abril 2, 2013

    CDGR

    Muy buen artículo. Justo estoy en caffenio viendo todas las mentiras constructivas.

  • Responder Marzo 29, 2013

    Ene hache

    Jajajaj muy bueno.
    Take it easy man

  • Responder Marzo 28, 2013

    Anabel Montiel

    De acuerdo. Estamos rodeados de simulacros, como dice Baudrillard.

    http://hauntedhouse.comoj.com/archivos/baudrillard-jean-cultura-y-simulacro.pdf

    Página 25.

    Saludos 😉

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