La narrativa mala leche

michel-houellebecq
Al contrario que la música, que la pintura, incluso que el cine, la literatura puede absorber y digerir cantidades ilimitadas de burla y de humor.

Michel Houellebecq

Me encontraba haciendo fila para hacer un trámite de mi renovación de la licencia para conducir y a decir verdad fue todo un calvario. ¿Por qué tiene que complicar el tramite hasta el límite? Sin duda mi exasperación y mal humor subió hasta las nubes maldiciendo la circunstancia. Me acordé de Kafka, ya que estaba pasando por una situación “kafkiana”, es decir, vivía un absurdo y un malestar sin saber qué originaba la situación complicada de hacer un simple trámite. Y ante mí desorientación y, sobre todo, el enojo me llevó a hacer un recuento de escritores que en su poética es predominantemente de mala leche.

Si algo admiro de ciertos escritores es su capacidad de misantropía, de echar mala leche a la sociedad, Autores como Roberto Arlt, Oscar de la Borbolla, Henri Miller, Giovanni Papinni, Céline, Bukowski y Houellebecq nos entregan una narrativa filosa, sin concesiones que destila corrosión contra la sociedad occidental. Logrando a mi parecer una lectura por demás torcidamente disfrutable.

Recientemente leí la novela de Houllebecq “Ampliación del campo de batalla” y al llegar a la página 20 me dí cuenta que es una de las novelas más corrosivamente divertidas que uno puede leer. La trama se centra en un personaje joven, ingeniero en sistemas que, al igual que en las novelas de “La nausea” de Sartre o “El extranjero” de Camus hace una disección a destajos de la sociedad “moderna” (lo que sea que signifique por moderno hoy en día).

La razón por la que me gusta la escritura mala leche es por su función de denuncia, de poner el dedo en la llaga, de señalar sin tapujos lo que nos incomoda severamente de la cultura actual, que tiene desde sus cimientos el ingrediente del malestar pues precisamente como diría Freud en “El malestar en la cultura” los individuos están sometidos a renunciar a ciertas libertades con tal de vivir en comunidad, vivir dentro de una cultura tiene su precio en la libertad libidinal, y la acumulación de tensiones es, según el psicoanálisis, síntoma de tristeza y neurosis. El constreñimiento social pone en evidencia de cierta manera su “naturaleza” represora.

Es en la mencionada represión de la cultura contemporánea que ha convertido a escritores tristones o airados a realizar obras literarias realmente sobresalientes, sin duda, el malestar cultural es materia fértil para inspirarse para contar historias que valgan la pena. La razón por la que simpatizo demasiado con este tipo de escritores es su honestidad –aunque a veces distorsionada hasta el extremo como una pintura de Munch- pero creo que ser pesimista hoy en día es sinónimo de ser realista.

Por el contrario, leer o escuchar libros de superación personal o del tipo “Los diez pasos para lograr la felicidad” se me hace una completa ingenuidad (por sonar suave) sé que hay gente que le funciona pero a decir verdad el tipo de obras de superación o similares tiene un estilo narrativo soporífero y algunos son como manuales instructivos que a decir verdad carecen de personalidad y garra narrativa.

Algunos libros sobre superación personal es como cuando uno va al psicólogo para que le digan que hacer con su vida. Al psicólogo vas a que te oriente o te haga ver en perspectiva tu vida, no a que te la dirija. Si esperas a que te guíen en tu vida creo que estas frito. Los libros que realmente te orientan son lo que hablan con cierto desdén hacía la vida ya que por medio de la crítica negativa es que uno pueda encontrar orientación o guía ante cualquier descalabro emocional o existencial.

Creo que los libros de autores mala leche son los verdaderos libros de superación personal. Es a través del cuadro en negativo de la vida cotidiana contemporánea que puede encontrar cierto bálsamos ante los desaires y enojos que conlleva la vida civilizada, en mi caso, en el momento que me encontraba en la agencia fiscal del gobierno esperando y dando vueltas de una ventanilla a otra de manera absurda como una escena del “El proceso” de Kafka, encontré una caja de resonancia al recordar los textos narrativos furiosos de estos autores que buscaban dar una perspectiva de la vida nada complaciente, ni mucho menos llegar a tener un rasgo del estilo de “caldo de pollo para el alma”, narrativa que me viene en mente ante los de las dinámicas absurdas que a veces nos encontramos en nuestra cotidianidad. Así pienso que lo mejor que nos ha heredado Arlt, Papinni, Céline, Bukowski, Miller, Borbolla, y recientemente Houllebeqc, es su furia.

Be first to comment