Los casos de “El Crayolas” y J.T. Leroy

we came from the desert

Si de algo desconfío sobradamente es de los medios masivos, sobretodo porque se toma como una referencia de nuestra realidad y bien se sabe que la “realidad” que nos pintan los medios es sesgada o distorsionada ya sea por intereses de los patrocinadores, de un grupo de poder, aparte, ¿no les parece que hay una sobresaturación de información irrelevante? Es decir, si alguien se pincha el trasero con un alfiler en algún punto de Asia, todo mundo se entera; los reality shows no son nada más que puros simulacros: personas “reales” que sólo son una pésima e insufrible actuación de sí mismos ante el televidente.

Cuando veo actos que ponen en cuestión la credibilidad de los medios es algo digno de aplaudirse como los casos de “El Crayolas” y el caso literario de J.T. Leroy. Actos que evidenciaron con un “gran truco” engañando a los propios medios masivos.

El caso de “El Crayolas”, alias de Juan Carlos Pérez, un artista plástico que surgió a mediados del 2005 y se hizo de cierta fama en el país pintando murales o exvotos denunciando la corrupción, la violencia y el racismo en el país, como en el ejemplo donde da gracias a la virgencita por tener ojos azules que le permite tener acceso al antro muy fácil y tener muchas mujeres o en el caso que agradece a los santos porque el policía haya recibido una mordida, etc. Obras pictóricas cargado de crítica ácida a la sociedad mexicana con una estética muy apegado al estilo de los murales de los barrios populares.

venimos del desierto

Autor: El crayolas – Carl W. Jones

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Autor: El crayolas – Carl W. Jones

Hace poco salió la noticia de que acaba de fallecer de una forma violenta “El Crayolas”, incluso fue noticia en la revista de ¡Alarma!, pero poco después salió a la luz que el tal “Crayolas” no existe y la persona que salía en los medios era un actor. El verdadero artista es un publicista, Carl W. Jones es la mente detrás de “El Crayolas”, proyecto artístico y mercadológico que duró ocho años y cuestionó no sólo al mercado del arte sino que puso en evidencia a los propios medios de comunicación que se abalanzaron con elogios hacía el artista cuando en realidad fue sólo un constructo perfomático de un proyecto que mezcló arte con marketing.

El otro caso muy sonado en años reciente es el de J.T. Leroy. Escritor de un libro de culto en Estados Unidos llamado Sarah, publicado en 1999. Novela sórdida sobre la prostitución, abuso infantil y drogadicción, contado desde el punto de vista de un niño de doce años que vende su cuerpo para poder sobrevivir y poderse convertir en toda una mujer. Historia que llamó tanto la atención por sus tintes ‘autobiográficos’ que la prensa buscaba fervientemente una entrevista con el misterioso escritor J.T. Leroy.

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J.T Leroy

Durante las escasas entrevistas aparecía con una peluca, un sombrero tejano y unas gafas tratando de ocultar su figura. En el 2007 el N.Y. Times revela que J.T. Leroy no existe sino que es un constructo de su supuesto manager: Laura Albert, la verdadera escritora que inventó toda la historia vivencial de la novela y al supuesto escritor J.T. Leroy, que era personificado por un actor. El escándalo público del caso Leroy, ocasionó que Laura Albert fuera demandada por una compañía de cine por haber firmado contrato bajo el nombre de J.T. Leroy.

Pero aun así el libro de Sarah se sostiene con una narrativa cruda y siendo aún hoy en día un libro de culto, tanto que hasta el grupo Garbage le hiciera sendo homenaje en la canción de Cherry lips (go baby go) del disco Beautiful Garbage del 2001 de y la canción Bleed like me del álbum homónimo.

El caso literario de Leroy y de las artes plásticas de “El Crayolas” logran una especie de venganza contra los propios medios de comunicación, que como constructores de artificios, ellos mismos cayeron en un montaje pre-meditado para evidenciar esa construcción de un inexistente artista. Laura Albert, inteligentemente utilizó el morbo mediático con su novela y su supuesta historia “basados en hechos reales” para darle un empuje exitoso al texto, y el publicista extranjero de Carl W. Jones a su artista que supuestamente emerge del barrio popular de Neza para poder legitimarse en la crítica a la sociedad mexicana porque, ¿cómo vamos a aceptar que un foráneo nos critique nuestra idiosincrasia?

Sin duda, perfomances que aparte de las propias obras que salieron de ahí, que a decir verdad valen la pena por sí solos. Actos que nos deben de dejar pensando acerca de los constructos de realidad de los medios masivos. Así que, gracias a “J.T. Leroy” y al “El Crayolas” por poner en jaque a los medios masivos, que a veces necesitan pagarles con la misma moneda.

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