El diseño como mito urbano sonorense

Me considero una “exiliada” de Sonora. A pesar de amar mi desierto con veranos de más de 40 grados y sus lindisimas carreteras interminables donde si tomas una foto bien podrías titularla “y a continuación: la nada”.

Tuve que mudarme por múltiples razones a Oaxaca, donde a pesar de ser de los estados más pobres del país todo es muy bonito y con mucho mensaje, mucha artesanía, comida riquísima, cantidades ridículas de turismo, eventos culturales; y lo mejor de todo: mezcal.

Dentro de toda la actividad cultural encontré al Centro de Diseño de Oaxaca, que contaba con un statement que me parecía bastante interesante: “el Centro de Diseño de Oaxaca es la primera institución pública a nivel nacional que promueve el diseño como herramienta estratégica para impulsar el desarrollo social, económico y cultural.”

En un principio me costaba un poco entender como funcionaba una institución así. Ésta misma curiosidad me llevó a ver sus diferentes proyectos, entre los que estaban desde la identidad de la Secretaría de Culturas y Artes hasta intervenciones urbanas y colaboraciones con comunidades de artesanos.

El primer trabajo que tuve oportunidad de ver fue una exposición de Manuel Raeder, un estudio multidisciplinario que colaboró con artesanos para darle un giro a objetos de producción masiva, y la verdad era increíble.

Meses después se me dió la oportunidad de cubrir eventos del Centro de Diseño de Oaxaca, entre ellos el Festival internacional de diseño y artes digitales Proyecta Oaxaca 2013, el cual era el primer festival de su tipo en el país, y fue cuando me di cuenta desde adentro que tan grande era el compromiso de la institución de hacer llegar el diseño a todo tipo de público, y que no se necesitaba ver éstos temas desde los ojos de un experto para entenderlo, como mucha gente suele pensar en cuestiones de diseño y arte, sino que se convertía en una experiencia sensorial. El festival se realizó en el Jardín Etnobotánico de Oaxaca, con artistas como la firma visual AntiVJ, Mr. Kone, Dr. Lakra, Cocolab, conferencias y talleres, y un documental que explicaba la importancia de la relación entre el diseño y la artesanía que terminaba por erizarte la piel o al menos hacerte un nudo en la garganta.

Después de toda la experiencia vino a mi mente el por qué no hay una institución así en Sonora, con eventos tan contundentes, que ayuden a la sociedad a entender que el diseño no es solo logos para taquerías, carteles mal pagados y una carrera donde los estudiantes deciden que se les paga mejor tomando fotos a quinceañeras. En un estado donde para querer estudiar Diseño industrial hay que irse al menos a Jalisco (con las poquísimas excepciones de escuelas que tienen ésta carrera en su oferta académica), y que si alguien llega con una carrera en Comunicación visual en su currículum probablemente no sepan ni en qué puesto acomodarlo. Y es que el diseño está llamando las miradas de gran parte del país, desde modas hasta multimedia, y todo esto viene de la manera de cambiar la visión de la gente. Obviamente un centro de diseño en Sonora no funcionaría de la misma manera que en Oaxaca, ya que si aún existen Yaquis que piensan que las cámaras les roban el alma, y que son celosos de sus tradiciones, imagínense que llegue un extranjero de una institución gubernamental a pedirles que colaboren en algo con él; claro, existirían sus excepciones, pero ahí los quiero ver tratando de encontrar a alguien de buen corazón que quiera 15 minutos de fama. Y es que sé que podemos esquivarnos con que así hablamos de golpeado, que no estamos enojados, pero en el fondo sabemos que muchos tenemos poquito chiltepín en la sangre y que somos desconfiados (no va a faltar el que lea esto y diga que es un pan de Dios, pero en tu conciencia, ¡lo sabes!). Entonces ¿solo por eso no somos dignos de un Centro de Diseño? ¿Porque un estado no tenga artesanía que atraiga gringos no hay razón para que haya una institución así? No, no me malentiendan, al contrario, en Sonora hay mucho, solo en diferentes maneras. Hay una urgencia por valorar el diseño, un estímulo para todos aquellos que deciden que van a “casarse” con una carrera relacionada esto. Por ejemplo, el último día del festival, cuando ya todos estábamos muertos pero alegres que todo hubiera terminado y fuera un éxito, un adolescente se le acerca a la directora del Centro de Diseño, Lizeth Galván, obviamente sin tener idea de quien era ella, solo viendo su gafete de organizadora y le pregunta, mientras no separa la mirada de una de las  piezas de AntiVJ con cara de impresión, “¿qué necesito estudiar para hacer eso?”

TheArk_AntiVJ_Proyecta_KarinaUrias© Karina Urias (2013)

¿No es eso lo que debería de suceder al momento de pensar en diseño? A ese tipo de estímulos me refiero. Obvio no se necesita un festival así de grande, pero sí una institución, o lo que sea, que ayude a sacudir la apatía de la gente al pensar en un diseñador, y sacarse de la cabeza la cerradísima idea “¿y de que vas a comer?”, o que tengan que emigrar a otras partes del país para ser valorados.

No dudo de la capacidad de Sonora para generar excelentes diseñadores, pero casi no se les reconoce aquí porque la sociedad no se los permite; la necesidad latente de desempolvar a esos diseñadores de modas, industriales, multimedia, gráficos, arquitectos, interioristas, entre otros, y darnos cuenta que el sonorense sí puede salir de las casas con tejas y molduras, las identidades de empresas que terminan por parecer que lo pudo haber hecho tu primito que está en la primaria, mobiliario comprado a 18 meses sin intereses en una tienda departamental, ropa que sabes que probablemente la vaya a traer el que se esté tomando un café en la mesa de al lado, entre otras cosas. Hacer entender al menos a un poco de la población que el trabajo de cada uno de estos diseñadores vale, y que no cualquiera puede hacerlo, y bien hecho, claro está.  Sacarnos esta idea americanizada de que todo puede encontrarse en artículos de producción masiva, y dejarnos de impresionar por todas las posibilidades que se pueden abarcar solo porque una persona sea creativa y tenga la capacidad de producir algo. Todo esto en el modo conjunto de que puede tener un impacto social bastante fuerte si se crea asociaciones dedicadas a ello.

El Centro de Diseño de Oaxaca abre las posibilidades a que el diseño sea participativo, y da oportunidad de acercarlo a que la gente lo experimente; y esperemos que en un mundo maravilloso llegue este tipo de instituciones al estado. Mientras tanto diseñadores, por el amor de Dios, láncense a concursos, produzcan, no solo vayan a la escuela a que les pongan un lamentable 7 solo para pasar, fórmense un statement bien fundamentado y defiéndanlo, y si ya salieron muévanse, recuerden por qué decidieron tomar un camino así de difícil y no se queden viendo revistas pensando que no pueden hacer eso. Sé que bien pueden imaginarme en una tarima con un micrófono y gente asintiendo con cara de “sí se puede”, pero lo digo muy en serio. Averigüen lo que pasa en el país y no dejen que pase solo en otras partes porque también puede pasar aquí.

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