La imposibilidad del entendimiento: The Counselor.

Esta entrada a mi acostumbrada columna de Observaciones se saldrá un poco de mis temas acostumbrados. Y es que hoy me ha dado por hablar de una película, o dicho de manera más precisa, de lo que se despliega a partir de las reflexiones propuestas por dicha película.

Esto me interesa, casi de manera urgente, ya que siento que se nos esta pasando por alto un evento cinematográfico importante que evidencia las extensas fisuras -casi abismos- que agrietan todo proceso reflexivo cuando lo abordamos desde una trinchera moral y emotiva; y no hay nada más moralizado y visceral en nuestro país y nuestra frontera que el tema de las drogas.

La película ‘The Counselor’, producto de la mancuerna Riddley Scott (Alien, Blade Runner) y Cormac McCarthy (Meridiano de Sangre, No es país para los viejos, La carretera).

Más allá del debate frívolo que se esta desatando entre nuestros vecinos del norte sobre si es una pésima película con diálogos pretenciosos o una fantástica mentada de madre al publico norteamericano, tan ávido de la narrativa de buenas conciencias y finales felices -o por lo menos solutivos- debemos enfocarnos en lo esencial que nos presenta este ejercicio fílmico: La historia y como está se desenvuelve a través de los protagonistas, sus circunstancias y la manera en la que estos las abordan, aunque tal vez sea mejor decirlo -y con esto me adelanto bastante a ciertas conclusiones-  la manera en la que no pueden abordarlas.

No esta de más decirlo: Si tú, estimado lector, no has visto la película -Titulada pésimamente en México como ‘El abogado del crimen’- entonces no pases de esta linea, ya que no hablaré de los puntos claves de la trama sino que citaré textualmente fragmentos del guión que me permitirán expandir mis propias reflexiones. Esta no es una reseña, es un análisis de la propuesta discursiva del filme y de las reflexiones que arroja sobre nuestra temática más presente.

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Aun así, tal vez a algunos les gustaría ver la película por primera vez después de leer este análisis o bien, volver a ver y reinterpretarla desde un nuevo punto de vista.

Primero hay que aclarar quien es el guionista: Cormac McCarthy. Hoy por hoy considerado uno de los novelistas más importantes -si no es el que más- de Estados Unidos. Si bien la obra de McCarthy pareciera abordar temáticas y situaciones distintas, sus obsesiones siempre han sido muy precisas, y éstas representan el núcleo de toda su obra: La absurda batalla contra lo indetenible. Ésta ultima palabra se me antoja insuficiente y eso es porque esas fuerzas antagónicas que se presentan en la literatura de McCarthy contienen casi siempre un conjunto constante de matices: Son indefinibles, incomprensibles e inabordables ¿Como definir el conjunto de estas fuerzas en un solo adjetivo?

A veces es una persona, como lo podemos ver en el fantástico personaje de Anton Chigurh de ‘No es un país para los viejos’ -La adaptación al cine fue titulada en México ‘No hay lugar para los débiles’, no es un mal titulo, pero evidencia la falta de comprensión del material escrito-, excelentemente escrito por McCarthy y fabulosamente interpretado por Javier Bardem en la pantalla grande. Otras veces es un evento surrealista, como la repentina e inexplicable destrucción mundial en ‘La Carretera’. Como sea, el elemento amenazante en las novelas del oriundo de Providence es intachable por una simple razón: Va más allá de nuestra comprensión.

Y es la decisión por parte de Ridley Scott para que McCarthy hiciera la adaptación de la película. La primera pista de que al señor Ridley no se le ha acabado el ingenio, como muchos aseguran. Es incluso -me arriesgo al decir lo siguiente- el momento de mayor claridad mental en su carrera.

De inicio la película es brutal con el publico.

Con esto no me refiero que lo somete directamente a una violencia extrema -está se da y en bastantes cantidades, en la segunda mitad de la película- sino que hace algo que es aun más inhumano, aun mas violento en contra del publico norteamericano: Lo expone a un diálogo tremendamente reflexivo, poético, casi intelectual. Con un conjunto AAA que incluye a un director comercialmente exitoso, un reparto de cinco estrellas -Encabezado, fantásticamente, por Michael Fassbender y que incluye a figuras como el propio Bardem, Penelope Cruz, Cameron Diaz y Brad Pitt- y un escritor reconocible hasta por el norteamericano más ignorante. Uno esperaría un thriller violento, entretenido y frívolo muy al estilo de Martin Scorcece en sus tiempos de ‘Buenos Muchachos’. En cambio lo que se muestra en la pantalla es una extensa meditación sobre algunas verdades incomodas que hasta la fecha nos negamos, nosotros como productores y ellos/nosotros como consumidores, a aceptar. El fenómeno del narcotráfico, tanto como estrategia de negocios, como evento mediático y como fuerza destructora reúne todos los elementos del antagonista McCartiano, con una pequeña diferencia que lo hace aun más terrible: Esto, estimados lectores, no es ficción.

La pauta para poder abordar esta reflexión, casi a manera de método de investigación, se da en uno de los primeros diálogos entre el personaje de Rainer (Bardem) y Malinka (Diaz). Rainer, al hacer una serie de preguntas personales a Malinka esta resuelve en declarar que no extraña a nadie, porque el acto de extrañar implica, para ella, la esperanza de recuperar a esa persona. Rainer, desconcertado, le pregunta a Malinka si esta postura no le parece demasiado fría, a lo que Malinka responde, de manera contundente: La verdad no tiene temperatura.

Es en esta respuesta donde se encuentra contenido el criptograma que nos permite comprender la intención de la película. El narcotráfico y sus consecuencias no son un problema moral (calidez, tibieza o frialdad). Insistir en esta postura es un ejercicio inútil que sólo conducirá a la nada, algo que deja la película aun más claro y de manera aun más brutal al develar que nuestra indignación ante el tema de ‘el narcotráfico y sus víctimas’ no es otra cosa más que la validación social e involuntaria de la maquinaria mercadológica que el mismo crimen organizado desarrolla.

¿Como es esto posible? ¿Como es que se atreve la película a minimizar el dolor y sufrimiento de miles de familias mexicanas que han perdido a sus familiares en una guerra inverosímil y degradarlo a una mera estrategia publicitaria?

Por desgracia -o fortuna, depende del espectador- no es la película la que minimiza esto y es justamente por esa razón que la película triunfa, en mi punto de vista: Más que una narrativa sobre las vivencias de los personajes, es un simulacro que estudia todas las variables en juego, incluyendo nuestra imposibilidad por comprender la situación.

En la película hay numerosos diálogos y escenas que ejemplifican esto, tal vez ninguna más elocuente que la linea dicha por Westray (Pitt) al estar hablando con el Consejero (Fassbender):

WESTRAY: ¿Sabes por qué Jesucristo no nació en México?

CONSEJERO: No ¿Por qué?

WESTRAY: No pudieron encontrar tres hombres sabios o una virgen.

WESTRAY: Consejero.

El consejero se detiene y se vuelve.

WESTRAY: Aquí hay algo más para que pienses al respecto. Las decapitaciones y las mutilaciones. Eso es sólo un negocio. Hay que mantener las apariencias. No es como si hubiese una rabia ciega y ardiente detrás de todo eso. Tampoco significa que su amor por el derramamiento de sangre no es sincero.

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Aquí invito al lector a suspender la lectura por un minuto y a pensar en lo siguiente: Si los colgados, decapitados, torturados y ejecutados son tan solo la articulación mercadologica de una entidad abstracta que actúa de manera calculada, mecánica y fría. Entonces ya no estamos tratando con algo entendido como ‘humano’. No es posible moralizar una acción vinculada con la ira si desapareces al supuesto detonante.

No, no estoy hablando de acciones inhumanas tampoco, sino que intento describir una situación, intento encontrar una palabra que describa de manera precisa su proceso y la imposibilidad de realmente asimilarlo. Siempre hemos vinculado a la violencia con la rabia, esto nos permite ‘comprenderla’ y acomodarla en el librero de la moralidad. En el momento en el que desprendes la rabia detonante y sólo queda una violencia UTILITARIA entonces no queda más opción. Llamemos a esto, por el momento meta-humanidad, dejando de lado cualquier matiz de trascendencia que el New Age le da al prefijo y volvamos a su significado original: Algo que rebasa, supera o simplemente se coloca a un lado, pero con cierta distancia, de algo.

¿No decía Kant que lo sublime era todo aquello que superaba nuestra imaginación de manera tan definitiva que lo único que nos quedaba era observar con asombro y angustia sin entender lo que sucedía?

Entonces, podemos llegar a una primera resultante: La violencia del narcotráfico es una acción utilitaria, meta-humanizada y sobre todo sublime. Esta realizada por seres humanos, pero su consciente colectivo se coloca apenas de manera paralela al lado de nuestra comprensión de lo que ser humano significa. Para un Templario descabezar a un Zeta no se diferencia en nada de cuando Apple promociona la nueva edición del iPhone.

Aquí es donde la película es aun más violenta con el publico: En vez que denunciar la violencia del narcotráfico (¿Denunciarla de nuevo? ¿Para que?) denuncia nuestra victimización ante ella.

Pensemos por un momento las medidas que se han implementado o propuesto para combatir este fenómeno: El combate violento contra los cárteles, la posible legalización de ciertas drogas, la indignación -comprensiblemente inevitable- manifestada de manera publica. Estas acciones no sólo han demostrado ser inefectivas contra el narcotráfico, sino que son un producto deseado de su acción. Es la validación social de que, en efecto, estamos bajo su control y que no podemos, realmente, entenderlos.

El proceso y distancia entre humanidad y meta-humanidad se ejemplifica numerosas veces a lo largo del filme, pero es tal vez la famosa y controvertida escena del Lamborghini amarillo la más importante, y no es porque se presenta de manera ingeniosamente cómica -y por ende maliciosa, bajo el contexto de la película- sino porque presenta otra herramienta de interpretación: La hiper-sexualidad como síntoma de una un desapego con la humanidad.

Seria un error llamarle a cualquier apego elevado a la sexualidad como hiper-sexualidad. Utilizo éste termino como algo que trasciende una identidad sexual normalmente humana, lo cual implica que debemos de considerar ciertas filias como acciones sexuales comunes.

Volviendo a la escena del auto deportivo. En esta escena el personaje de Rainer le platica al Consejero sobre una anécdota: Él y Malinka dan un paseo nocturno por un campo de golf a bordo de un Lamborghini amarillo. En un momento del paseo Malinka le pide detener el carro, se quita las pantaletas, se las da y sale del vehículo. Malinka entonces procede a escalar el auto, llegar hasta el parabrisas, abrir en un ángulo casi recto las piernas y restregar su sexo contra el cristal mientras que Rainer observaba atónito.

No hay que desechar esta escena por la comicidad que la aparente absurdidad del momento implica; tampoco debemos tomarlo como un acto masturbatorio. En sí es un momento de terrible claridad. Podríamos definir, de manera muy burda, al acto sexual directo de dos maneras: La fornicación -incluyendo sus preámbulos y sus consecuentes- y la masturbación, un acto a veces directo, a veces acentuado con un accesorio. El punto de esto último es que en la masturbación con juguetes sexuales la persona es la que manipula el objeto para obtener placer, mientras que en la fornicación hay un sometimiento, por parte de uno o más de los implicados. Cuando Malinka restriega su sexo contra el parabrisas ella es el objeto en movimiento mientras que el vehículo es meramente un objeto pasivo -lo cual, incluso, podría leerse como una ejemplificación del típico acto sexual heterosexual machista, donde es el hombre el que recibe pasivamente el placer-. Ademas, siempre cabe la interrogante ¿No nos sometemos acaso ante aquel que detona nuestro deseo? El hecho de que, en palabras de Rainer, Malinka ‘fornicara con el Lamborghini’ no es otra cosa más que el indicativo de que ella se encuentra en un plano donde su libido ya solo responde ante el desapego, una analogía que se articula de manera literal: Lo mecanico.

Es muy adecuado cuando el Consejero, en su incredulidad, le pregunta a Rainer si disfrutó dicho momento, y éste contesta con un termino clínico: “No lo se, fue demasiado ginecológico para mi gusto”. Esta respuesta es consiente y precisa por parte de el guionista: La distancia clínica es un método cientificista, por lo tanto objetivo, no subjetivo, para estudiar un fenómeno. Igualar un momento de juego sexual con un proceso cuyo único método de comprensión es el lenguaje clínico estamos hablando de una incapacidad humana para asimilar lo sucedido: Una confrontación entre humanidad y meta-humanidad. Rainer, tal vez, al percatarse del horror que esta distancia significa, se siente incomodo y enojado de pronto y rehúsa hablar del tema, saliendo apurado de la habitación.

Es a partir de este punto, de este entendimiento súbito, que se despliega la violencia sanguinaria. Ahondar en ella sería un ejercicio de repetición. Basta decir que incluso en las escenas más sangrientas se abordan de manera reflexiva sobre los puntos ya tratados. En este sentido el guión triunfa por su constancia, cohesión y coherencia.

Continuar analizando línea por línea me podría tomar más tiempo del que he utilizado, así que me limitare a dejar aquí un fragmento del dialogo que me parece el más importante de la película. Un dialogo lapidario que invita a que conversemos un poco más al respecto, o tal vez a dejarnos callados por completo:

CONSEJERO: ¿Me ayudará?

JEFE DE UN CARTEL: Insisto a usted a ver la verdad de su situación, abogado. Ese es mi consejo. No me toca a mi decirle lo que usted debió hacer. O dejado de hacer. Sólo sé que el mundo en el que usted tomó las elecciones que tomó y el mundo en el que desea corregirlas son muy distintos. Ya no existe ese primer mundo. Se encuentra en el centro de la encrucijada y usted piensa que tiene elección. Pero no hay elección. Solo queda aceptar. La elección se llevó a cabo hace mucho tiempo, por otras personas.

(Silencio)

JEFE: ¿Estás ahí, abogado?

CONSEJERO: Sí.

Después de esto ¿Que queda por hablar? En estos momentos la película esta siendo destrozada por la prensa, atacándola de irrespetuosa, fría, poco realista y pretenciosa. Tomando en cuenta al publico en general, quienes ciegamente siguen la palabra de los llamados expertos en cine, ésta película esta destinada a ser, si bien nos va, una obra de culto. Solo que queda, en lo personal, que en algunos años y unas cuantas cientos de miles de muertes más por fin entendamos lo que esta extrema articulación poética nos queria decir:  Hay juegos que solo pueden ser ganados cuando uno no acepta jugar.

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Luis Mercado

Maestría en Artes Visuales en la Academia de San Carlos, DF. Becario del FONCA Jovenes Creadores 2012-2013. Artista Plástico.

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