Notas breves sobre la contra-estética. Parte I.

Esta edición de mi columna busca continuar y expandir los temas explorados en la entrega anterior, publicada el pasado 7 de Junio del 2013. En ella hablo sobre el desplazamiento que sufre la estética en el arte, desde un preciosismo riguroso hacia un aparente desdén por la estética.

Es importante aclarar tajantemente un punto primordial: la belleza es un valor moralista, que no es lo mismo que valor moral.

Buscar la belleza, la perfección formal en el arte, hoy en día, se aproxima más a un ejercicio anacrónico y neurótico que a una verdadera exploración discursiva. Pienso, por ejemplo, en el Parniasianismo francés fundado por Théophile Gautier (1811); impulso artístico que promulgaba un arte meramente formal, sin vínculos morales; es decir, sin ningún compromiso ni reflexión social. ¿Y se supone que el arte actual es elitista debido a su intelectualidad?

Theophile Gautier. Fotografía anonima.

Theophile Gautier. Fotografía anónima.

Es por eso que, a partir del anti-retinianismo introducido por Duchamp y los Dadaistas, se empieza a instalar una ‘contra-estética’ en el arte, la cual sirve no solo como contenedor del mensaje en la obra sino, muchas veces, como integrante del mensaje mismo. Esto es una simplificación excesiva de mi parte para hablar de los elementos formales del arte actual. La estética -directa, anti, contra- es más importante hoy que hace setenta, doscientos, quinientos años, por el simple hecho de que constantemente reflexionamos acerca de ella, la problematizamos, o incluso, la destruimos sistemáticamente. Este llamado ‘feísmo’, al que muchos críticos conservadores señalan como síntoma de un arte que va en picada, es justamente lo que ha detonado los debates más importantes en el mundo del arte.

Pienso en el Net Art -net.art, internet art, new aesthetics, etc-. Pienso en sus diversas estrategias: el software-arte, el glitch art, el open source art. Pienso en esto porque me parece un fantástico ejemplo de la contra-estética como discurso político.

Las preocupaciones que el Net Art analiza giran alrededor de fenómenos comunes como la identidad, la privacidad, el error, la comunicación y las dinámicas de socialización, entre muchas otras. Difícilmente encontraremos temáticas más actuales. Aún más difícil será encontrar medios plásticos que reflexionen sobre estos temas de manera tan contundente como el Net Art, ya que, para abordar estas problemáticas, el Net Art interviene, explota y manipula directamente los medios que detonan estas situaciones: redes sociales, formatos de intercambio de datos, interfaces gráficas, videojuegos. Esto es crucial. Debido a que el Net Art utiliza el mismo lenguaje electrónico que nosotros empleamos día con día; con la diferencia de que al pasar por el filtro del Net Art, este lenguaje se nos presenta con una nueva gramática, la cual devela los mecanismos y problemas implicados en nuestra modernísima vida cotidiana.

Olia Lialina, My boyfriend came back from war, 1996

Olia Lialina, My boyfriend came back from war, 1996

En el Glitch Art, por ejemplo, adquieren protagonismo los errores informáticos que constantemente buscamos eliminar en la vida diaria (corrupción de datos, interrupciones, errores de funcionalidad) para evidenciar preocupaciones como la volatilidad de los medios virtuales -y por consecuencia nuestra relación con ellos-, nuestra dependencia de experiencias estéticas y nuestro miedo social a situaciones azarosas e incontrolables.

Aquí el Glitch me sirve como un solo ejemplo, un representante de otras múltiples estrategias contenidas en la práctica artística. Estrategias cuyo eje de trabajo radica en temáticas de interés, donde la forma cede u obedece al tema. Pero esto no implica que no existan piezas de una estética formidable, todo lo contrario. Sin embargo, tras un análisis detenido podremos percatarnos que la forma estaría sometida a intereses que van más allá de un simple paquete decorativo.

El Glitch Art es uno de los aspectos más polémicos y cuestionados del Net.Art, sin embargo es curioso observar que el movimiento fotográfico conocido como Lomografía -el cual, en su versión digital, podemos encontrar en los filtros de Instagram- opera precisamente bajo las mismas premisas: la estética del error y el azar formal. No obstante la diferencia, mas allá de la obviedad estética, radica justamente en las disimiles políticas entre ambos discursos: La Lomografía es mera estética, por lo tanto es inofensiva y fácilmente romantizable. Por otro lado, el Glitch Art es una contra-estética política, apuesta por la forma no solo como contenedor de significado sino como significante en si misma. El ‘feísmo’ entonces surge, porque de no ser así el movimiento carecería de sentido. Cuando la belleza es la meta, en su formalidad esterilizada y amigable, está impedida de cualquier reflexión y profundidad.

Rosa Menkman, Aaron, 2012

Rosa Menkman, Aaron, 2012

Luis Mercado

Maestría en Artes Visuales en la Academia de San Carlos, DF. Becario del FONCA Jovenes Creadores 2012-2013. Artista Plástico.

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