Notas breves sobre la contra-estética. Parte II.

Hoy pienso en Slavoj Zizek y en El acoso de las fantasías (1997). Un fantástico análisis ontológico sobre la relación entre distancia y belleza -cine, ciberespacio, cultura-. La paráfrasis de su contenido sería: “a mayor la distancia es mayor la belleza percibida en un objeto, pero a medida que nos acercamos y lo observamos con mayor detenimiento, empezamos a notar fisuras, deformaciones, errores”. Es así como El acoso de las fantasías funciona como detonante perfecto para hablar del distanciamiento estético que el arte actual ha emprendido.

Como ya he comentado en entradas anteriores, esto no es exclusivo del arte no-retiniano. Desde la misma pintura se ha cuestionado el protagonismo del preciosismo y la común confusión entre proeza manual y belleza. Uno de los pintores que lo problematizó de manera especialmente aguda fue el artista irlandés Francis Bacon (Dublín, 1909).

20130625-191025.jpg

Francis Bacon

En una entrevista publicada para un periódico neoyorquino y reimpresa en el libro The artist observed (Gruen, 1991), comenta Bacon: “Uno quiere precisión, pero no representación. Si tú sabes como hacer la representación, [tu obra] no funcionara”. Esto es evidente en la obra de Bacon; un catálogo extenso de macabras deformidades cárnicas. Las críticas por parte de un público conservador y ‘bien educado’ no se hicieron esperar, e incluso hasta la fecha, aún es objetó de ataques. El más reciente por parte de Jerry Saltz, crítico de arte quien, en su columna de Septiembre del 2009 en la New York Magazine, se refirió a Bacon como un ‘ilustrador de historietas’.

Esto evidencia rastros de manipulación ejercida desde el mercado hacia la concepción pública del arte. El mercado funciona, en una abrumadora mayoría, como una instancia que presenta las piezas, implícitamente, como vanagloriados objetos decorativos. Esto solo puede suceder si las cualidades estéticas de dichos objetos pueden integrarse armoniosamente en los espacios públicos o privados -generalmente privados y habitables- de los compradores.

En el sentido de la relación entre el binomio ‘distancia-estética’, comenta Bacon algo contundente: “Para hablar de un hecho tienes que acudir a la deformación. Hay que deformar para transformar aquello que llamamos ‘apariencia’ en ‘imagen’.”

20130625-191209.jpg

Study for Portrait II (after the Life Mask of William Blake), 1955

Como ejemplo social de la reflexión en torno a esta distancia tenemos al movimiento Punk de finales de los 70, quienes entendieron al preciosismo como una herramienta de manipulación política.

Los punk vieron en en el formalismo de la música progresiva y pop, los derroches visuales de la moda, el purismo técnico del arte y el diseño y la estéril pulcritud de los discursos sociales como elementos que conformaban construcciones ideológicas de una sociedad refinada pero superficial. Lo bello implica confort y donde este se presenta no puede existir el pensamiento crítico.

En el núcleo del movimiento ubicamos la cultura del D.I.Y. -siglas en inglés para ‘hazlo tu mismo’-. Esta estrategia, sistemáticamente contra-estética, problematiza nuestra dependencia y relación con medios y productos de manufactura industrial; sofisticados y deshumanizados. También cuestiona las nociones de experticia que el sistema capitalista utilizaba para promover diferenciaciones sociales. Se puede decir de manera simple: los productos del D.I.Y. eran feos, pero vitales, unificadores y contundentes.

Esta noción de la manipulación estética encontró eco en múltiples pensadores que antes o después del génesis del Punk ya percibían al mercado como un ente estético-manipulativo. El semiólogo Roland Barthes fue uno de los pensadores en quienes  se inspira fuertemente el movimiento Punk. En El placer del texto (1975), Barthes comenta lo siguiente:  “Todas las instituciones oficiales del lenguaje son máquinas repetidoras: la escuela, el deporte, la publicidad, las canciones populares, noticias, todo lo repite continuamente, la misma estructura, el mismo significado, a menudo las mismas palabras. El estereotipo se ha convertido en un hecho político. La mayor esfinge de la ideología.”

Entonces podemos comprender al D.I.Y. como una potente meditación contra el discurso político del cliché. Un rompimiento urgente con la amable y hermosa cara del mercado. Si bien el Punk -como es inevitable- fue absorbido por el mercado mismo, su espíritu autogestivo y contra-estético continúa siendo evidencia de que, para llevar a cabo un estudio visual y una reflexión crítica, se deben desechar necesariamente, las expectativas formales e idealistas de una sociedad.

Bacon, el Punk, el arte actual. Han renunciado a una distancia embellecedora y la han reemplazado por una cercania obscena y necesaria.

20130625-191602.jpg

No Future, 1979

Luis Mercado

Maestría en Artes Visuales en la Academia de San Carlos, DF. Becario del FONCA Jovenes Creadores 2012-2013. Artista Plástico.

Be first to comment