Una musa que ha dejado de inspirar

Desde el momento que se anuncia el proyecto para la construcción de lo que sería el Museo de Arte de Sonora se generó la polémica alrededor del recinto. En el espacio previsto para su edificación se encontraba una de las pocas áreas verdes de la ciudad de Hermosillo. Si bien hubo esfuerzos para trasplantar los árboles a otras áreas solo unos pocos sobrevivieron el traslado.

Aunque lo anterior es un detalle paralelo que poco tiene qué ver con el MUSAS como espacio expositivo sí representa un antecedente en la relación de este lugar con los habitantes del estado. Relación que hoy se encuentra en una severa crisis con la comunidad artística.

Cuando el museo inicia operaciones se designa a Rosa María Haas como directora. Dejando de lado el hecho de que su gestión fue deficiente y breve, no debemos olvidar la visión de Haas en relación con el museo. Para ella, el MUSAS debía ser un espacio que celebrara la carrera y propuesta de los creadores estatales de trayectoria. Exponer ahí significaría un reconocimiento por años de destacada labor. Esta es una idea que hoy carece de valor.

En los últimos dos años este espacio expositivo ha decaído enormemente gracias a una mala gestión por parte del equipo del actual director, Rubén Matiella. Esto se hace evidente desde que arribamos al recinto, encontrando múltiples paneles de cristal rotos e incluso podemos darnos cuenta que hay algunos ausentes. En vez de irlos sustituyendo vemos plásticos pegados de manera apresurada con cinta canela. También hay jardines secos, bancas rotas o al menos desgastadas y paredes sucias. Un espacio que presente tales descuidos no puede ser llamado la máxima institución museística de un estado. Pero por desgracia lo es y eso se presenta como un síntoma alarmante sobre la situación de la cultura estatal.

Cuesta trabajo creer que en un año no se ha generado el dinero suficiente como para reparar siquiera la fachada del inmueble. Cuesta aún más trabajo -inocentemente hablando- pensar que al equipo que gestiona el museo no puede hacer pequeños sacrificios en nombre de su deber en dar mantenimiento al mismo.

El estado actual del museo. Se pueden apreciar en esta imagen los paneles de cristal rotos. Fotografía por Paula Martins.

El estado actual del museo. Se pueden apreciar en esta imagen los paneles de cristal rotos. Fotografía por Paula Martins.

Sin embargo el mayor problema se encuentra en el interior, en la gestión del espacio. Sin una clara estrategia curatorial y deficiente mantenimiento de las exposiciones -sumando las múltiples historias de horror por parte de artistas y representantes acerca del manejo físico de la obra- el MUSAS ha perdido credibilidad como museo. En sus montajes siempre es notable algún error que afecta la articulación plástica en la obra de los autores. Cajas de luz apagadas, proyectores desconectados, errores ortográficos en los textos de sala, marcos golpeados y agrietados en inclusos fichas técnicas flotantes que sirven como evidencia de piezas faltantes. Detalles que pueden parecer frívolos, pero que serían inaceptables en otras instituciones culturales del país.

La falta de una clara estrategia curatorial y de un consejo de selección de obra que esté trabajando y dialogando transparente y proactivamente con la comunidad artística del estado ha establecido al MUSAS como un ente ajeno a la mayoría de las propuestas que se están generando en Sonora. No ayuda, claro, la utilización del espacio como salón de eventos para bodas, quinceañeras e incluso como escaparate para concursos de dibujo y pintura de nivel preparatoria ¿Es esté el espacio que Haas decía que debía ser premio y honor a la trayectoria artística? ¿Se les está premiando a los artistas por exponer en un espacio que deben de compartir con fiestas familiares de todo tipo?

Plásticos pegados fueron la solución que las autoridades del museo consideraron era la más adecuada. Fotografía por Paula Martins.

Plásticos pegados fueron la solución que las autoridades del museo consideraron era la más adecuada. Fotografía por Paula Martins.

Probablemente se argumente que la realización de estos eventos se debe a que por la falta de presupuesto para el mantenimiento del inmueble se debe conseguir dinero por otras vías. Estoy de acuerdo, pero los eventos se siguen dando y el museo continúa dañado. Además de que, como museo, hay múltiples estrategias para generar ingresos y que son coherentes con la función del espacio expositivo como generador de diálogo y prácticas artísticas. Sólo falta dar una mirada al Museo Universitario de Arte Contemporáneo -MUAC- o al Museo de Arte Moderno -MAM- con sus pláticas, ciclos de cine, bazares de arte y excelentes librerías y restaurantes -lo que se encuentra en el MUSAS difícilmente se puede llamar librería- para encontrar pautas que puedan subsanar carencias monetarias.

Al día de hoy el MUSAS se presenta como espacio en crisis, como un lugar en declive y una credibilidad en fuga. Es importante que no olvidemos aquella premisa que Haas propone para este espacio. Es importante porque no hay ningún otro lugar en el estado que pueda significar el reconocimiento a nuestros creadores. Es importante porque, para bien o para mal, uno de los lugares que activa de manera más eficaz la relación del público con las nuevas propuestas plásticas se dan dentro de los muros de los museos. Si el MUSAS no puede reparar su relación con la comunidad artística local entonces habremos perdido un recinto que hizo falta durante décadas.

Troncos secos de arboles en el estacionamiento del museo. Fotografía por Claudia Platt.

Troncos secos de arboles en el estacionamiento del museo. Fotografía por Claudia Platt.

Luis Mercado

Maestría en Artes Visuales en la Academia de San Carlos, DF. Becario del FONCA Jovenes Creadores 2012-2013. Artista Plástico.

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