Entrevista a Evoé Sotelo

Evoe Sotelo - Puedes encontrarme en Hawaii_10

Evoé Sotelo funda en 1992 el proyecto escénico Quiatora Monorriel junto a Benito González. Originaria de Hermosillo, Sonora, es licenciada en Coreografía por la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea y especialista en Política Cultural y Gestión Cultural por la OEI, UAM y CENART. Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA), emisiones 2004, 2011 y 2015. Primer Lugar (categoría A) y Premio de la Crítica Raúl Flores Guerrero por la obra Sombrero de Cinco Picos, en el marco del XXIII Premio Continental de Danza INBA-UAM.

Su trabajo se ha presentado en los más importantes foros y festivales de México así como en Estados Unidos, Costa Rica, Chile, Bolivia, Argentina, Alemania y Bélgica.

Como parte del programa de Un Desierto para la Danza se presentó su ensayo Puedes encontrarme en Hawaii,  en el teatro Óscar Russo Vogel, generando entre el público muchas dudas e inquietudes, por lo cual tuvo lugar al final de la pieza, una conversación donde se explicaron unas cosas pero surgieron otras. Es por ello que le hicimos esta entrevista en la cual podremos darnos una idea no sólo de este ensayo sino también de algunas otras obras de esta agrupación.

¿Qué sentimientos quieres provocar con Puedes encontrarme en Hawai?

En realidad no intento provocar a priori algún sentimiento en específico en el espectador con esta obra o con cualquier otra que haya hecho antes. Pienso que la experiencia artística es compleja e incluye (además de la experiencia a nivel emotivo o sensible) otro tipo de procesos que también me importan como parte de los dispositivos que tanto yo como coreógrafa, intérpretes y espectadores  ponemos en práctica al relacionarnos con un cuerpo expresivo escénico, en este caso, dentro de un discurso coreográfico. Cuando trabajo en una obra coreográfica me relaciono con lo que sucede a nivel de experiencia temporal, espacial, energética, y, cuando la naturaleza de la obra así lo propone (no todas las obras se gestan desde el mismo lugar expresivo ni requieren el mismo tratamiento), con estados emotivos, psicológicos o situaciones relacionales interpersonales. En el caso específico de Puedes encontrarme en Hawaii, me interesaba primordialmente crear una pieza que no partiera de un planteamiento emotivo, psicológico o relacional en términos interpersonales. Tampoco me interesaba crear una obra basándome en un tema o un argumento específico. Mi interés era construir un discurso coreográfico abstracto dándole prioridad a la economía de recursos en el movimiento, en el universo sonoro y lumínico. Por otra parte, me interesaba investigar en el silencio (corporal) entendido como un espacio de experiencia dentro del cual, del aparente vacío surge la posibilidad para hacer visible lo invisible, aquello que no tiene mayor trascendencia dentro de nuestra esfera sensible cotidiana, aquello de lo cual el mundo está hecho y que no reconocemos comúnmente como bello, valioso o importante en términos expresivos. Por esta razón los intérpretes y yo investigamos en movimientos cotidianos los cuales procesamos hasta desligarlos de su referente original, en una apuesta por resignificar lo intrascendente, los espacios de la vida cotidiana que se pierden cada día en el olvido, nuestra movilidad inconsciente, rutinaria, desprovista de otro sentido que no sea el funcional. Digamos que Puedes encontrarme en Hawaii es una pieza que camina con los recursos mínimos indispensables para existir: un diálogo preciso y austero entre el movimiento, la energía y el tiempo. La pieza es así, y, desde mi punto de vista, esa es su mayor virtud. No sabría decirte qué tipo de “sentimientos” podría provocar a los espectadores una propuesta como esta, sobre todo porque creo que cada espectador tendrá una experiencia distinta respecto a otro en gran medida de acuerdo a su propia historia de vida, a su formación sensible e intelectual, a sus preferencias, a sus expectativas respecto a la danza, a sus prejuicios, etc. Esa respuesta se la dejo a cada uno, es lo más sensato.

¿Es Puedes encontrarme en Hawaii una pieza solo para los conocedores?

Por supuesto que no. Esta es una pieza que, debido a sus fundamentos compositivos (diálogo extendido con el tiempo lento, movilidad mínima y sutil, recursos estructurales de repetición, no argumentativa, no temática, etc.) puede resultar complicada para aquel espectador que ha conformado su idea de danza escénica desde una perspectiva que responde a los parámetros de espectáculo que promueve el sistema de mercado artístico y cultural capitalista a nivel mundial. Dicho así, podría parecer que, en efecto, mi obra es inaccesible a un espectador común no especializado. Sin embargo, en mi experiencia tanto con esta obra como con todas las que he realizado anteriormente, a pesar de que la mayoría de los espectadores tengan una idea preconcebida sobre lo que es o debe ser danza bajo los criterios que menciono anteriormente, muchos de ellos se sienten sumamente atraídos hacia una propuesta que exhibe rutas expresivas y de investigación que dialogan contrapunteando y debatiendo artísticamente con este universo que define simbólicamente a la danza desde esta perspectiva de consumo capitalista. Creo que la empatía proviene esencialmente de la capacidad que todo espectador posee de asociar y disociar la experiencia escénica: relacionarla con algo vivido, algo visto, algo soñado o intuido, es decir, la capacidad de cada espectador de recomponer la experiencia escénica desde su propia mirada, como si generara a partir de ella su propia obra. El espectador es, desde mi punto de vista, un elemento indispensable para la escena, indispensable por su rol activo: corporal, sensible e intelectualmente hablando. Creo si algo detiene el ejercicio libre –liberador también– del espectador en el sentido anteriormente expuesto, es que aún cargamos como espectadores con una noción que nos determina como entes pasivos, como sujetos dominados por una supuesta autoridad del artista. Esperamos incluso (consciente o inconscientemente) que éste establezca el camino inequívoco para comprender, la ruta hacia una verdad única inexistente. Me alegro y encuentro vivificante el coincidir con aquellos espectadores activos liberados de prejuicios, que fluyen en el discurso escénico sin pretender ver satisfechas las propias expectativas, si necesitar confirmar su propia noción de “arte” o, en este caso, de “danza”; críticos, nada condescendientes, confiados en su propia naturaleza, en su intuición, en su sabiduría interior que busca conectar, relacionar, traducir, reinterpretar el material escénico con su historia de vida. Muchas veces, al espectador menos especializado (incluso al que poco o nada conoce de danza) es al que menos dificultad le significa la experiencia con una pieza de esta naturaleza. Creo que Puedes encontrarme en Hawaii es una pieza bastante amable, no exige del espectador más que disponibilidad para transcurrir en el tiempo y para observar los detalles pequeños en el movimiento de los cuerpos. Disponibilidad para permanecer sin grandes cambios en un espacio sonoro mántrico. Disponibilidad para aceptar el silencio (en todas sus formas posibles) y su sonoridad.

 

¿Te pide el público con frecuencia una explicación de ésta u otras obras?

No, el público nunca me ha pedido una explicación a ninguna de mis obras. Cuando es posible, soy yo la que promuevo una charla al finalizar la función porque me interesa mucho ahondar en el diálogo con el espectador. No lo hago porque considere que es necesario “explicar” mi trabajo, sino porque me parece importante escuchar a aquellos espectadores que muestran una inquietud por saber más acerca del proceso creativo, de mi perspectiva como coreógrafa, de la historia de Quiatora Monorriel, etc. Me interesa también escuchar al espectador cuando plantea sus dudas, sus dificultades, diferencias, sus coincidencias y hallazgos. Todo esto me parece sumamente enriquecedor para todos los que participamos de la experiencia escénica. Pienso que un trabajo escénico no debe terminar en el telón final, debe reflexionarse, debatirse, analizarse, digerirse, y esto es lo que propicia el intercambio entre espectadores y artistas al finalizar una función. No es una explicación de la obra lo que mueve y promueve estos espacios de discusión, sino el intercambio humano alrededor de la experiencia escénica.

 

¿Qué tan adecuado como artista es decir que no importa si el publico entiende la obra o no?

Desde mi punto de vista no se trata de que sea “adecuado” o no. Creo que cada artista, en el caso de la coreografía, realiza su trabajo pensando en la relación que entablará con el espectador y en este sentido establecerá sus prioridades. Yo por mi parte considero que el arte no es algo que debamos entender en términos lógicos formalmente hablando. El arte en todo caso debe exhibir coherencia y congruencia en relación a sus fundamentos artísticos, que bien pueden estar arraigados en el caos, el absurdo o la inconsecuencia. En este sentido creo que no hay nada que “entender” unívocamente. No es cometido de la expresión artística contemporánea emitir necesariamente un mensaje descifrable, infalible, consensuado, sino establecer un territorio expresivo dentro del cual la incertidumbre juega un papel fundamental; un territorio dinámico e irreductible con múltiples vías de escape. Tratándose de un asunto como este, considero que no hay nada que entender y sí hay mucho que experimentar. Yo cambiaría el “entender” por el “experimentar”. El arte es “experiencia”, yo entiendo el arte coreográfico como un proceso de experiencia en torno al tiempo, al espacio, a la energía, al movimiento, y en esta experiencia intervienen las emociones, las sensaciones, el raciocinio, etc. Nunca de la misma manera; la ecualización de estos elementos es siempre distinta, cada obra establece su propia sonoridad, su propia vibración. ¿Qué hay que entender en esto? Yo opino que nada, y que sí hay mucho que experimentar; de ese “ser experiencia” de cada espectador surgirá (probablemente no de inmediato) un nivel de “entendimiento” que no será solo racional, ni lógico, ni estructurado. Seguramente será un entendimiento profundo e intrincado, lleno de líneas de contacto entre zonas diversas y concomitantes de nuestra conformación humana.

 

¿A que le llamas “artificio” en lo que has visto de danza contemporánea?

Considero artificio en la danza contemporánea al uso del lenguaje corporal que hace evidentes los recursos técnicos del intérprete en un afán de validar (otra vez, ante la mirada hegemónica del mercado de las artes capitalista) su discurso. Me parece artificiosa la danza contemporánea en general, porque privilegia la exhibición antes que la investigación y la experimentación. Estas últimas deben ser, si hablamos verdaderamente de arte contemporáneo, los motores primordiales de toda elaboración artística crítica y comprometida con nuestro momento actual. Reconozco a su vez que una gran parte de los espectadores se reafirman al presenciar el artificio en la danza y ven cumplidas sus expectativas respecto al arte y a la danza. Esto es una dinámica de producción, distribución y consumo de las artes ampliamente difundida, respaldada y replicada por nuestro sistema capitalista, que define las lógicas de pensamiento y acción de la mayoría de artistas y espectadores en el mundo.

 

¿Cuál es el peligro de un público y un artista condescendiente?

El mayor peligro es la carencia de un sentido crítico y autocrítico respecto al arte y a nuestro papel como artistas y espectadores. Me parece que el artista contemporáneo tiene una responsabilidad inexcusable con su tiempo: la reflexión, el ejercicio crítico respecto a su momento histórico, el generar estrategias creativas para movilizar el pensamiento humano hacia la conformación de un espacio de libertad, autenticidad y desarrollo individual y colectivo. Un artista y un espectador condescendientes alimentan entre sí un sistema destructivo basado en la estandarización, en la alienación y en la pérdida de nuestras principales facultades: la libertad, la diversidad y inclusión.

 

¿Hacia dónde te gustaría llevar a la danza contemporánea?

Creo que la danza contemporánea hoy en día es reflejo de nuestra sociedad, de su problemática en lo social, lo político y lo económico. Vivimos tiempos que cada vez más reducen la posibilidad de existencia a aquello que es distinto a la norma, a lo establecido por el amplio y poderoso sistema ideológico capitalista. Vivimos una época de despersonalización, de identidades y sueños comprados, de alejamiento de nuestro interior, de desconocimiento del mundo natural, de sometimiento intelectual y sensible. En tiempos trágicos como estos me gusta (y así lo hago) que la danza proponga un espacio para acercarnos a lo perdido: a la facultad de experimentar el paso del tiempo sin angustia, a la virtud de sorprendernos con los mínimos detalles de un cuerpo en movimiento, a la disposición de percibir la sonoridad del silencio, a la destreza de sorprendernos con la diferencia sutil que encontramos en un patrón de repetición. La danza para mi es una oportunidad para edificar lo inexistente, para hablar del mundo desde un lugar distinto, desde una posibilidad siempre nueva.

Evoe Sotelo - Puedes encontrarme en Hawaii_1

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Evoe Sotelo - Puedes encontrarme en Hawaii_02

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Evoe Sotelo - Puedes encontrarme en Hawaii_03

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Evoe Sotelo - Puedes encontrarme en Hawaii_04

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Evoe Sotelo - Puedes encontrarme en Hawaii_06

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Evoe Sotelo – Puedes encontrarme en Hawaii_07

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Por: Jaime González Mendoza

Fotógrafo y bibliotecario.

Supersiquiatra

Metahumano

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