¿Por qué no lloráis?

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Edward Hopper

En la estación de autobuses. La banqueta de espera está lleno de viajeros. Gente va, gente viene; unos en espera y otros abordando, mientras sus familiares o amantes los despiden. Los motores de varios autobuses rugen, se mantienen prendidos en espera del abordaje. En ese deambular cotidiano y pasajero de la central, una pareja se despide:

-Bueno, ya me voy –dice él.

-Bueno. ¡Adiós! –dice ella.

-Nos vemos –dice él mientras recoge su maleta.

-Nunca te vayas sin decir “te quiero” –dice ella.

-¡¿Ehh?! –dice él volviéndose sorpresivamente hacía ella.

-¿No me vas a extrañar? Digo… -dice ella.

-…

-…

-Pues… no lo sé… para extrañar a alguien se necesita cierta distancia –dice él.

-Yo ya te extraño –dice ella con sus pupilas dilatadas.

-¿Necesitas que te extrañe? –dice él

-Sólo… si tú lo deseas… -dice ella mientras sus ojos se comienzan a llenar de lágrimas.

-Bien… pero… está bien, está bien: Te extraño ya –dice él.

-…

-Bueno, adiós de nuevo –dice él mientras toma camino hacía el camión

-Y… ¿No tienes ganas de llorar? –dice ella.

-¿Perdón? –dice él, otra vez volviéndose hacía ella sorpresivamente.

-¿Por qué no lloras? –dice ella mientras una lágrima rueda en su mejilla.

-¿Tengo que llorar? –dice él.

-Sólo si honestamente lo consideras –dice ella.

-Pues… mmm… eeh… ¿Realmente es necesario llorar? –dice él volteando a ambos lados.

-¿Qué no te ha importado nada nuestra historia? –dice ella

-Sí. Pero… ya me tengo que ir -dice él volteando hacia atrás donde se encuentra la entrada al autobús

-Mi alma arde, como si lo incendiaran con thinner –dice ella.

-oh!… que mal… mira… ya parte el camión… -dice él.

-No te importo ¡NO TE IMPORTO HIJODEPUTA! –dice ella

-Sí. Claro que me importas. Es que… me esperan -dice él mientras voltea hacía el autobús

-Te voy a extrañar cabrón –dice ella.

-…Yo también –dice él

-Pues, no se ve –dice ella.

-¿Cómo? –dice él

-¿Qué… no lloras? –dice ella con otra lágrima a punto de desbordarse.

-…pues… ¿?… pues no. No me sale. Lo siento –dice él.

-¿Ves? Se ve que no te importa –dice ella.

-¿Qué? Si me importas, y me importa nuestra historia… Ayer te llevé al cine –dice él

-Siento como si me hubieran amputado mi dedo meñique, ¡MI DEDO MEÑIQUE! –dice ella mostrando el dedo menor

-…¿el dedo meñique?… -dice él murmurando con la entrecejo fruncido dando un mirada hacia atrás.

-Sí. Me arde el alma porque te estas yendo ¿Sabes que tanto me importas? –dice ella.

-Sí. Claro. Por supuesto… Tú también me importas mucho. Le puse crédito a tu celular –dice él.

-…

-…

-Bueno… ¡Adios cariño mio! –dice ella.

-Bueno. Adiós. –dice él dando media vuelta.

-¡Espera!… llévate esto –dice ella.

-Oh!… gracias –dice él mientras ve un mechón rubio atado a un lazo rojo.

-Conéctate –dice ella.

-llámame si me ocupas –dice él.

-Me llamas en el transcurso y me mandas una foto del lugar –dice ella.

-Bien. Nos vemos el lunes eh? –dice él

Le da un beso, se voltea y se sube al autobús. Ella despide la partida del autobús. Da media vuelta para dirigirse a la salida de la central. El motor de otra línea se avería y sale mucho humo de manera escandalosa que termina por cubrir con su espesa humareda la banqueta de peatones. Ella, con un kleenex cubriendo su rostro rojizo, desaparece lentamente entre la humareda conforme va hacía la salida.

FIN

Por Alan Inclán

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