Ánimas mínimas, de Carlos Iván Córdova

Ánimas-minimas portada

Colaboración para WCFTD de Manuel Parra Aguilar

 “Este poema empieza/ justo detrás de nuestra casa”, dice uno de los textos centrales de Ánimas mínimas (Instituto Sonorense de Cultura, 2012), libro con el cual Carlos Iván Córdova (Hermosillo, 1982) se hizo merecedor del Concurso del Libro Sonorense, género poesía, en su edición 2011.

Bajo la premisa de la primera persona del plural, los personajes-hablantes de cada uno de los poemas que integran el libro dan cuenta de las obsesiones del autor. Sin embargo, acertadamente, Carlos Iván Córdova hace que la escena poética (esa que alumbra el suelo al que se regresa con la polvareda de la caminata literaria) sea la que destaque sobre la polivalencia de hablantes poéticos a través de ese amoroso desprecio que domina la atmósfera. Las voces que integran estos poemas, en su recuerdo buscan salvar la soledad del otro, al que refieren. De Pinocchio, actrices de pornografía, un maniquí o un mal poeta en su día de asueto son sólo algunas de estas voces.

Dos son los apartados en los que se divide Ánimas mínimas. «Pequeñas apostasías y otros cuentos familiares», primera sección del libro, cumple la función de un recuento de actividades. A todos los hablantes poéticos (no sólo de esta sección) los une la obsesión del recuerdo. El recuerdo está ahí, y la obsesión de lo que pudo haber sido (o haber hecho el hablante) es lo que le incomoda a cada una de esas voces. “Hubiera querido desgajar tus manos”, dice el poema Citas célebres, y antes otro poema:

quise ver al pájaro

quise atisbar sus garras

sus uñas aferradas a la rama del silencio

pero nada tenía alas allá afuera

bajo el gris cielo movedizo

«Domicilio conocido» es el terreno de las probabilidades. Si en la primera parte el recuerdo es una obsesión, en esta segunda esa obsesión se torna en meros supuestos, en inciertos, y sólo las cosas de las que se tiene certeza son las que se hacen mención. En «Domicilio conocido» el poeta se avoca a explorar su actualidad:

No es llanto esta sensación

de sumar el sueño ridículo

al importante asco de las cosas

Cada voz poética en Ánimas mínimas explora un significado que se infiere, no por la sugerencia, sino por lo dicho. “Quise decir traición/ y dije milagro”, señala justamente el poema titulado Casualidad.

La sencilla fluidez de cada una de estas voces hace efectiva la exploración interna del propio autor. En Ánimas mínimas la expresividad precisa se conjuga con lo pensado y la realidad, esa que, a decir de Carlos Iván, “encanta el agotamiento”.

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