Bosque de tréboles, de Clara Luz Montoya

portada

Colaboración de Manuel Parra Aguilar (Hermosillo, 1982)

La transfiguración descriptiva y paisajística de los poemas de Clara Luz Montoya (Navojoa, 1967) ya se había anunciado desde Ecos íntimos, de donde la autora toma algunos poemas para reunirlos en un conjunto titulado Bosque de tréboles, en su segunda edición de 2013 que incluye versión al idioma inglés y al idioma chino. La dualidad de los poemas de Clara Luz se encuentra en gran parte de Bosque de tréboles, el cual es el debate de esa misma dualidad, pues a cada verso la voz alude al momento de la pertenencia y ausencia; velocidad y memoria; al habla mesurada y al silencio.

En Bosque de tréboles Clara Luz hace gala de la fugacidad del instante, por ello sus poemas refieren la velocidad y la memoria: “El pasado se encoge poco a poco/ convirtiéndose/ en pequeño punto lejano/ en mis recuerdos”, dice a propósito en el poema titulado «Viajera», de donde se desprende el lamento y la reflexión del mismo.

Para Clara Luz, el instante es experiencia en la cual se vive intensamente y su análisis se encuentra en el saber callar. La brevedad de los poemas revela el resultado de ese análisis. Y en su discurso, los poemas que forman Bosque de tréboles reducen su perspectivismo: no son visionarios en el sentido de una próxima liberación del hablante, pues este sabe que su verdadera libertad está en las palabras y que sólo estas pueden revelar el esencial silencio si se expresan en la fugacidad del tiempo:

Voces calladas
al fin nacen,
condenadas
al silencio.

Por otro lado, las palabras como objetos del mundo y las cosas están en comunión con el tiempo; las palabras son expresadas por el estado de ánimo del hablante; desde su interior el hablante afirma el mundo y su ser; “busco el yo/ y mi espíritu”, dice y recobra la lucidez de su conciencia:

El silencio de las notas
me cobija
de la estridente
sinfonía de reglas de cálculo
sin alma.

La soledad, mi evangelio.

La voz poética de estos poemas de Clara Luz Montoya busca y encuentra la relación sentimental entre los objetos que señala y su correspondencia con el ser. De esta premisa parte gran cantidad de los versos de Bosque de tréboles, pues lo exterior (el paisaje descriptivo) simplemente está ahí, y el poeta le otorga su carga emocional para que las cosas sean llanamente. Así, lo exterior se convierte para lo interior en una erosión vital. Si la palabra del poeta existe es porque enuncia las cosas; si la emoción viene del interior es porque el paisaje visto, sentido, cobra su dimensión al expresarlo: “Soy// lo que pude y no pude ser”.

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