Literatura | Elegía a un Repartidor Muerto | Julieta Elisa Monsalbo

No hay espacio en ningún lugar del edificio para un moño negro. Todo el dolor y la pena discretamente se pestañea entre la sugerencia del día al servir la soda, ofrecer el paquete jumbo por 15 pesos más, freír las papas a la francesa…

Los clientes jamás deben de notar la tristeza que a los empleados les embarga, ya no se comerían el pollo frito con ánimo, sentirían en la boca del estómago un hueco difícil de llenar, nadie soporta el luto a la hora de la merienda; Les recordaría esa misma muerte que ellos ya han vivido y temen volver a sentir. Saldrían despavoridos, inclusive habría algunos que en el buzón de quejas y sugerencias anotarían:

“El servicio es demasiado revelador, hemos venido a satisfacer una necesidad del cuerpo, no ha sentirnos presos de la garra de lo inevitable de la vida”

Tampoco dejarían que sus hijos dieran brincos entre sus mesas con ese aroma a pérdida en el ambiente. El empleado debe de sonreír a pesar del vacío que en su boca se amarga, no sólo ha perdido un compañero de trabajo, sino a un amigo, un hermano del alma, y entre la risa fingida y el “que tenga buenos días” ellos saben que no tendrán en mucho tiempo, un gesto de alegría sincero ni ese día ni el que le sigue será bueno.

No sabrán qué esperar cuando su compañero de trabajo se monte en su moto rápidamente, ni siquiera él mismo sabe si volverá, nadie puede negar que es un buen lugar para comer y para pedir servicio a domicilio.  No sales de casa por la cena, esperas tranquila en tu cama a que llegue en menos de media hora, aniquilas el tiempo de espera viendo televisión, usando Internet, leyendo algún libro ¿Te has preguntado que tanto poder te da la vida al usar un teléfono y llevar a un chico con tus 18 piezas extra crujientes hacia la Muerte?

Nunca hemos estado a salvo.

.


 

.Por: Julieta Elisa Monsalbo

Poetisa

Supersiquiatra

Metahumano

Be first to comment