Este es un mingitorio

Unas gotas de sangre siempre tienen una historia. Esa noche que entré al WC de caballeros mi primera impresión al ver que en el mingitorio alguien habían soltado un chorro de sangre y orines no pude menos que tomarme el paquete en consideración al dolor que sintió aquel hombre. Esa fue mi forma de solidaridad masculina. Después de salir del baño, mientras me secaba las manos con mi propia ropa pensé en aquella  ocasión en que follamos épicamente una exnovia muy cachonda y yo en un motel de esos de 150 pesos por dos horas, no sé por qué les dije ese dato, pero bueno, el caso es que esta chica estaba en sus días y yo no quise usar preservativo.

A la mañana siguiente cuando fui al váter lo primero que salió fueron unas gotas rojas, me escamé y me saqué de onda, pensé que me estaba muriendo…  Afortunadamente sólo eran los restos de sangre menstrual en mi uretra, era sólo eso y nada más.

Regresé al evento en el que estaba antes de ir baño y quise resolver el acertijo; miraba el rostro de todos los tipos y me preguntaba ¿Quién de todos estos será el que tiene problemas allá abajo? Sentía lástima y empatía por todos, por que como no sabía quién era, todos eran, así como cuando alguien se roba dinero en el salón y la maestra dice “nadie sale de aquí hasta que aparezca el culpable”. Había caras sospechosas, miradas perdidas y tristes, risas que se apagaban muy rápido, ganas de irse, así que la tarea iba a ser difícil.  Dejé de preocuparme por quién podría ser, además había muchas causas para algo así, desde las más leves como la que me pasó, hasta cosas muy densas que no quiero ni mencionar queridos lectores.

Antes de que el citado evento terminara una mujer toma el micrófono y dice:

 

Y helo ahí que el hombre también sangra.

 

Al decir esto entran dos hombres al recinto cargando una fotografía gigante con la imagen del mingitorio y la sangre en el piso.

 

El pollo con puré de papas y sopa fría que sirvieron esa noche estuvo delicioso.

Supersiquiatra

Metahumano

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