De forma deforme: anomalía física y Japón

Abstraída en una de las películas que incluí en el artículo de Sexo y Sangre, una pregunta vino a mi mente de forma repentina: ¿Es posible que la psique de un individuo se corrompa como un reflejo de su cuerpo deformado? Afirmarlo sería erróneo, pero desarrollar el concepto de deformidad o anomalía física sería lo más apropiado ya que es algo abordado en la cultura nipona y especialmente en el interior del universo manganime.

Irregularidad, rareza, aberración, desviación, desproporción, alteración, singularidad, hay distintas formas de llamarla, pero conceptualmente la deformidad está definida dentro de la biología como una malformación, una alteración congénita o adquirida,  algo que no se adecua a lo habitual.

La normalidad es cuestión de estadística; sus valores se determinan en la medición de un grupo de individuos normales de una población. Médicamente, la normalidad debe discriminar entre sanos y enfermos,  pero en una cuestión estética, la deformidad inicia cuando la moralizamos.

Lo bueno que es bello

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Fotografía de Momoyama

La belleza se ha planteado como una cualidad de la bondad; en el Hipias Mayor (390 a.C.), Sócrates tiene una conversación con Hipias de Élide para definir qué es la belleza y, entre sus respuestas, la contempla como  una característica de la bondad, de lo provechoso. Pero no es una postura definitiva, por supuesto. Aunque visto desde un enfoque moral, la apariencia de una persona debe poder describirnos su carácter, o eso es lo que determina Belén Altuna en Una Historia Moral del Rostro (2010), donde nos habla de la “materialización del alma” por medio de la apariencia. Descrito como una historia de la fisionomía a las relaciones de belleza y bondad, Altuna señala el juicio moral que se esconde en la valoración estética y cómo ésta llega a tener excepciones a la regla: la historia clásica de cuasimodo y su corazón dulce.  Quizás la expresión más rescatable sea lo que la escritora llama el Efecto Dorian Grey, que describe como “el hecho de que la disipación y la abyección crecientes en la vida del hermoso joven se vayan plasmando en su verdadero rostro (en este caso, el del retrato), que poco a poco va convirtiéndose en monstruoso”.  Pero, a modo de psicosomatismo, lo corpóreo toma la forma dañada de la mente, la manera en que esto se revierte es por medio de trastornos emocionales tales como la depresión o, mejor situado, el trastorno dismórfico corporal, anteriormente dismorfofobia y que tiene su semejante en Japón con el Shubo-kyofuku. Un ejemplo de ello se encuentra en la película Horrors of Malformed Men (1969) donde se observa un hombre mentalmente trastornado a causa de su apariencia anormal; incluso casándose con la mujer considerada la más bella de Asia se siente como su repugnante esposo. Sostenido emocionalmente en su esposa queda devastado cuando ella lo engaña y decide realizar una venganza que después canaliza hacia el mundo normal que no lo comprende y humilla, lo que da más motivos para huir de la vida que llevaba y crear una isla de gente deformada, ya sea de nacimiento o creándola. Cuando este personaje, etiquetado como el malvado padre de Hirosuke, ofrece un pequeño tour por su espléndida isla, se puede apreciar un banquete de rareza; su mayor orgullo es la creación de un siamés usando a una hermosa mujer y a un joven de horroroso rostro desfigurado.  Otros personajes de la misma película también compaginan la anomalía física con la vileza de sus acciones.

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Imagen de la película Horrors of Malformed Men, de Teruo Ishii

Se podría decir que en la ficción, usualmente un personaje monstruoso suele ser perverso, mientras que su contrapartida buena es alguien hermoso y lleno de vida. Sin embargo, los entes anómalos, dañados de la mente o malvados, se encuentran no sólo en la ficción, sino también dentro de la mitología.

En el abanico de criaturas del imaginario de Japón hay híbridos de humanos o de apariencia humanoide que poseen algún elemento que les otorga singularidad. Aunque la mayoría pueden ser benévolos existen otros tantos que son temidos o conferidos como un mal augurio y de forma curiosa van a la par con una apariencia horripilante,  como sucede con la diosa Amanozako, el demonio Yama-uba y el yokai Hitotsume-kozo. Otros seres que van en la misma línea son los demonios del manga Dororo (1969) de Osamu Tezuka, los cuales además de ser criaturas temibles en apariencia y acción, hacen llegar al mundo a Hyakkimaru como un niño informe, al arrebatarle partes del cuerpo como paga por el deseo de su padre.  Sin rostro, extremidades y algunos órganos internos, es abandonado y luego salvado por un hombre conocedor de la medicina herbolaria y la magia.

Aún siendo dos aristas distintas de la cultura nipona, ambas se encuentran conectada por el hilo del ocultismo, de la seducción que trae consigo lo sobrenatural y que sin ella la anormalidad vista desde el interior de la sociedad japonesa llega a convertirse en algo incómodo o deshonroso.

De la abyección al encanto

Con las consecuencias y el fantasma que trajo consigo las bombas sobre la isla del sol naciente,  la literatura en Japón tomó el rumbo del desastre y la paulatina occidentalización. Fuera de las pantallas de cine, no son tan abundantes las veces en que es tomado el tema de la mutación ocasionada por la radiación tanto como la tragedia y el dolor provenientes de la catastrofe atomica.

Dos grandes escritores de la vanguardia japonesa, expusieron el tema de lo anormal de formas distintas: cuestionando la normalidad y aceptando lo monstruoso.

Durante el delirio que sufre el entomólogo Jumpei en la novela La mujer de la arena (1962) de Kobo Abe, una voz le excusa sobre la condición que está padeciendo al plantearle que la humanidad es “ciento por ciento anormal”, pero el hombre le responde de forma inmediata que “no se puede hablar de anormalidad cuando no se tiene una medida de la normalidad”; en tal caso ¿si todos son anormales no convierte en la anormalidad en algo normal?  Tal premisa es usada en diversos mangas, como Blame Academy! (2008) y Fairy Tale (2006), que tienen el elemento de rareza y desproporción como algo común que no cuestionan. En los manganimes que poseen un contexto mágico, de fantasía, de un futuro cyberpunk e incluso en algunas comedias slice of life, es algo habitual hallarse con toda clase de personajes extraños que fuera de la ficción no podrían existir más que como una aberración de la naturaleza; pero la frecuencia de estos individuos es lo que determina  si en ese universo puede considerarse como normal.

Por su parte, Kenzaburo Oé en Una cuestión personal (1964) confronta a Bird con la idea de deshacerse de su hijo,  al que han descubierto deforme en el vientre de la madre. El padre ve a su propia sangre como un monstruo y sintiendo una terrible vergüenza por sus pensamientos, decide librarse de esa criatura que en sueños le persigue.  La esposa apoya la idea de abortar eso que lleva consigo y, los médicos japoneses mantienen la postura práctica de un país que ha enfrentado la anormalidad con prudencia: “La autopsia de su hijo puede permitirnos saber lo necesario para salvar al próximo bebé con hernia cerebral. Además, si me permite ser sincero, creo que el bebé estará mejor muerto, y lo mismo le ocurrirá a usted y a su mujer”.  El dolor y la aceptación ante la anomalía del bebé, son sentimientos que comparten los protagonistas de IS – Otoko demo Onna demo nai Sei (2003), manga de Rokuhana Chiyo, quienes muestran su condición de intersexuales y la forma en que han confrontado tanto ellos como sus familias su estado aberrante.

Tras la catástrofe de Hiroshima y Nagasaki los escritores hicieron surgir el genbaku bungaku desde los escombros de la nación, olvidando las anomalías físicas que trajo el bombardeo atómico como un tema merecedor de ser desarrollado propiamente más allá de Godzilla. El manga, como otra literatura, es quien incluye la anormalidad de forma frecuente y diversa, pasando de lo monstruoso a lo deseado.

Los seres extraños y la provocación de una fantasía

Si se busca obtener una imagen mental de lo extraño, el trabajo de Hideshi Hino es de los primeros que evocan las aberraciones de la naturaleza. Dokumushi Kozō (1975), que puede ser definido como un manga tétrico kafkiano, nos adentra en la historia de Sampei, un niño de apariencia enfermiza que un día se convierte en un gusano y, rechazado por su familia, no tiene más opción que huir a las cloacas y alimentarse de personas. En el transcurso de la historia se muestra, además de la marginación y soledad del niño-insecto, dos temas frecuentes en el trabajo de Hino: la descomposición y la malformación, los cuales se compaginan bien en Hell Baby (1995), obra del mismo autor.  Aunque el título sugiere más una mala película de terror, el manga nos revela la terrible y oscura historia de supervivencia de un bebé que, aún siendo abandonado por su monstruosa apariencia, sobrevive en el basurero local imitando a las aves de carroña. Empero, llegada a cierta edad, la criatura explora el mundo que existe fuera de su hogar hasta llegar al punto de encontrarse con la familia que la creía muerta y que ahora está aterrada.

El azar es un condimento favorable que da la licencia al autor de no justificar el desafortunado destino y apariencia de sus personajes, pero no siempre sucede así. Otros mangakas prefieren explicarse mediante pasados oscuros y delirantes, como sucede en Tomie (1987), de Junji Ito.  Conocida como La Saga de Tomie en su versión fílmica, la obra de Ito nos muestra a una chica hermosa y popular que parece no poder morir. Conforme los capítulos nos relatan lo que pareciera una historia alternativa que gira entorno a ella, lo que acontece en cada uno va hilándose hasta revelarnos la espeluznante realidad de un ser grotesco que lleva a los hombres a la locura.

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Imagen del manga Hell Baby, de Hideshi Hino

La anormalidad física llevada al extremo de la morbosidad es la esencia de Franken Fran (2006) de Katsuhisa Kigitsu. Con momentos surrealistas, el manga se centra en el trabajo de la doctora Fran Madaraki que realiza cirugías, en su mayoría, peticiones que pueden culminar en la muerte o en lo grotesco.  Deformidad física o rarezas de la naturaleza que activan la curiosidad científica de la doctora y operaciones para alterar contra natura el cuerpo de alguien ya sea para adquirir belleza,  fuerza,  juventud o alguna habilidad son temas abordados que acompañados con un aire de comedia son pocas veces despreciados por personajes que son, por sí mismos, parte de lo anómalo.

En el otro extremo de lo anormal está la singularidad que seduce, poblada de chicas con cuerpos desproporcionados, monster-girls, kemonomimis y dibujos adorables.

En el manganime, oppai es un término con el que se le conoce a las mujeres de pecho grande que frecuentemente es desproporcionado a comparación del resto de su cuerpo. Chizuru Yoshida de Hen (1988), obra de Hiroya Oku,  y Shizuka Marikawa de Highschool of the Dead (2006), de Daisuki y Shouji Sato, son dos ejemplos de chicas oppai en manganimes que, a pesar de sus escenas sexuales, son considerados ecchi y no poseen apariencias excéntricas en contraste con  mangas hentai que en ocasiones llegan a lo ridículo al crear personajes  con un busto descomunal que por el peso debería partir en dos su columna.

Otro tipo de chicas que, desde un cuerpo totalmente anómalo, cumplen con las fantasías de los otakus son las monster girl, criaturas femeninas que componen su apariencia de elementos de  monstruos,  demonios, animales o aliens y humanos. Si bien es más usual hallarlas dentro de las páginas de algún hentai, no es tampoco extraño que tengan acto de aparición en comedias como Monster Musume no Iru Nichijou (2012) un ecchi de Okayado, que como típica historia de harem muestra distintas chicas exuberantes con el adicional de ser arpía, centauro o lamia, lo que las convierten en versiones modernas de hengeyokais, los cuales se encuentran relacionados a una popular categoría: las kemonomimis.

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Imagen del manga Perowan!, de Yui Daisuke

 

Nekomimi, kitsunemimi, inumimi, usagimimi son algunos nombres que se les asigna a algunos personajes humanoides con cola, orejas y/o garras de algún animal específico. No faltan los manganimes que los incluyen con la personalidad típica del animal representado, pero para que dentro de ese universo de ficción sean una verdadera anormalidad es necesario que su aparición sea un evento inesperado o único. Con el trama de un perro doméstico convertido en humana y el amo que debe satisfacer los deseos de su mascota para volverla a la normalidad, Perowan! Hayashinasai! Goshunjinsama (2011) de Yui Daisuke, es un buen ejemplo de inumimi como elemento anormal  ya que es incluso un hecho mágico lo que provoca todo. En la misma línea de animales convertidos en humanos está Koi Neko (2004) de Mashima Etsuya, que tiene más de un nekomimi pero siendo un porcentaje menor es considerada una irregularidad provocada por el amor de la minina, un tema común en los mangas que introducen a personajes de este tipo.

El kemonomimi no es único de las chicas, si bien es la imagen preferente que cumple las fantasías de miles de otakus, los anómalos personajes masculinos también existen aunque en menor cantidad; en muchas ocasiones son causa de las leyes normales del universo del autor, un ejemplo de eso es Schrödinger, el niño gato de las OVAS de Hellsing.  Love Neko (2005) de Mishima Kazuhiko, es otro manga que explota de forma favorable la imagen juguetona y/o sensual del gato pero está vez en el contexto del yaoi donde es usual hallar personajes así.

Otro manga vinculado con el kemonomimi es Nukoduke! (2012) de Yugi Iro, autor también de Plant Plan (2012). La deformación que interesa no es aquella de nekos, ya que presentándose ante el protagonista explican su condición, sino la del estilo de dibujo que usa Iro en ambas obras y que es conocido como  super deformed. Nombrado entre los otakus como chibis, consiste en la desproporción del cuerpo, donde la altura se reduce y la cabeza aumenta de tamaño llegando incluso a sobrepasar o igualar la dimensión del cuerpo. Por su imagen adorable y cómica, los fanáticos han creado versión chibi de cualquier personaje existente y por su misma popularidad algunos animes han optado por sacar una versión más humorística de sus trabajos y que en realidad no afecta a la historia original, como sucedió con Shingeki no Kyojin: Chimi Kyara Gekijou – Tondeke! Kunren Heidan publicada a modo de OVAs y Suzumiya Haruhi-chan no Yuutsu que a modo de spin-off parodia a la misma serie. El super deformed ha pasado de ser un simple estilo de dibujo a una categoría más propio de los 4-komas, la comedia y por supuesto, las figuras de colección.

 

En el terreno del manganime la línea divisoria entre lo ordinario y lo inusual es sutil.  Las categorías se entremezclan y la normalidad puede llegar a depender del contexto, el dibujo o simplemente del universo del autor, que en el peor de los casos se maneja bajo sus propias reglas. Para crear una normalidad sería necesario buscar su media, pero sería laborioso comparar cada obra existente entre si, lo que podría ser equivalente a contrastar un individuo real con otro; llegando con ello el eco de las palabras de Abe: la humanidad es ciento por ciento anormal, ¿sería acaso posible sacar una normalidad de la anormalidad?  La voz en la novela de Abe no responderá y los individuos singulares, tanto en la realidad como en la ficción seguirán siendo una constante.

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