Sexo y Sangre: gore como catarsis sexual

Hay personas que disfrutamos con la misma intensidad tanto un explosivo orgasmo como una escena de chorreante sangre en alguna película. Ya lo dijo alguna vez Freud:

El instinto sexual es el instinto a la muerte.

Aún estando entre los diez países con menor índice de violencia en el mundo, no es extraño encontrar litros de sangre en Japón, como una hemorragia interna cultural. En la novela Confesiones de una Máscara (1948), Yukio Mishima describe las fantasías sádicas del personaje principal  haciendo con ellas una analogía de la catarsis. Usando las palabras del sexólogo alemán Hirschfeld, Mishima justifica este comportamiento al explicar que “…los impulsos invertidos y los sádicos se encuentran inextricablemente unidos.”  Estos impulsos invertidos no son más que líbido que, restringida por la civilizada sociedad japonesa y, ante la imposibilidad de satisfacer libremente sus necesidades, encontraron la forma de desviarse de la meta por medio de  su equivalente: la fuerza destructora. Para los que gustan del horror, es necesario saber que el gore es el género que sintetiza esa fuerza.

Imagen de la película Ichi The Killer, dirigida por Takashi Miike

Imagen de la película Ichi The Killer, dirigida por Takashi Miike

Vísceras, mutilación, violencia gráfica y fuentes humanas de sangre son el contenido nuclear del gore.  A pesar de ser, en el inicio, un género principalmente fílmico, con el paso del tiempo ha tomado parte en otras áreas de entretenimiento y desarrollado sus propios subgéneros. Con la exageración de escenas sanguinarias e incluso escatológicas, Japón lo ha hecho suyo.

Aunque forma parte de ambas culturas, el gore occidental expresa la catarsis de forma más sutil que en tierra oriental. La diferencia es clara en la utilización de efectos especiales así como en su estética; mientras occidente desarrolla un gore más descriptivo e incluso realista, Japón ha exagerado el uso de la sangre llegando a caer -en algunas ocasiones- dentro del subgénero comedia gore o splatstick, y generalizado la forma en que visualmente debe realizarse. De esto es importante resaltar dos cosas: el destino fatídico de los personajes dependiendo del género y la referencia genital.

El clímax rojo 

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Imagen de la película Gothic & Lolita Psycho, dirigida por Yoshihiro Nishimura

A diferencia del gore occidental, existe cierta tendencia sobre el tipo de muerte que deben recibir dependiendo si son hombres o mujeres, aunque no se aplica en todas las películas, pero es algo que salta a la vista y te embarra la cara.

Decapitación, mutilación, cortado a la mitad, desangrado por heridas, atravesado por espadas u objetos punzantes son clásicas formas de asesinato con las que podemos llegar a cierta analogía sexual dependiendo del género de la víctima.

En la película Ichi The Killer (2001), adaptación del manga de Hideo Yamamoto, se vislumbra un festín de sangre y vísceras de mano de un sádico yakuza. El carácter sexual oculto tras la violencia se encuentra en el sadomasoquismo, físicamente reflejado en el uso de piercings, ganchos, agujas y la automutilación. En una escena en particular, Kakihara, el personaje principal, cuelga por medio de ganchos que atraviesan la piel de su espalda al líder del clan rival y perfora su cara por medio de agujas, finalmente el yakuza redime su acto amputando su propia lengua frente a su víctima. El castigo, la persecución, la violencia, el surrealismo y la perversión son elementos importantes dentro de las películas que ha dirigido Takashi Miike, pero no es el único director japonés que ha colocado tintes sexuales en el transfondo.

En el gore japonés hay dos tipos de películas: las que tienen de protagonista a atractivos/simpáticos psicópatas  y las que tienen a guapas chicas sanguinarias; a diferencia de Miike, Yoshihiro Nishimura utiliza principalmente a mujeres jóvenes, en ocasiones con apariencia de colegialas, sumergidas en una trama de absurdo y fantasía. En sus trabajos destaca la muerte de hombres por decapitación; la sangre siendo disparada hacia arriba, de forma abundante y que mancha el rostro de la asesina, asemeja una eyaculación, un sanguinario orgasmo causado por su propia muerte. Las mujeres usualmente no son víctimas de esto, a lo mucho son heridas de gravedad en el cuello o amputadas de manos, pero principalmente desfallecen al ser literalmente penetradas por el filo de espadas, la cual es el arma fálica por excelencia. De modo que, el lugar de la lesión está directamente relacionado con un equivalente, que algunas ocasiones es bastante obvio.

Aunque Nishimura tiene un gran repertorio de películas que entran en el splatstick, Tokyo Gore Police (2008) y Mutant Girls Squad (2010) sirven como buenos ejemplos para este artículo.

Trailer TGP

En Tokyo Gore Police, además del desorbitante uso de cadáveres, vísceras y chorros de sangre, se vislumbra la adherencia de la imagen obscena como elemento importante. Los cuerpos se convierten en envase de fantasía al exagerar su proporción, disfrazar personajes o convertirlos en mutantes. De igual forma, en Mutant Girls Squad es un tema recurrente, aunque tenga otros propósitos más unidos a la trama, es inútil evitar observar como hacen acto de aparición personajes retorcidos y deformes que enaltecen el sexo por medio de situaciones que más que grotescas resultan cómicas.

 

Imagen de la película Mutant Girls Squad, de Yoshihiro Nishimura

Imagen de la película Mutant Girls Squad, de Yoshihiro Nishimura

Pero el método catártico cambia al fusionarse ambas pulsiones humanas: eros (vida) y tanatos (muerte).

La libido corrompida 

Los vestigios más antiguos de la comunión entre sexo-violencia en Japón proceden del arte Ukyo-e. De mano de Utagawa Kuniyoshi (1794 – 1861) podemos apreciar entre las muchas escenas de vida cotidiana, bélicas y fantásticas, las de violación y bondage. De la misma manera, en 1814 el grabador japonés Katsushika Hokusai nos brindó una célebre xilografía shunga con El Sueño de la Esposa del Pescador, la cual podría considerarse precursora del Tentacle Rape, donde lo principal es el abuso e humillación.

El sueño de la esposa del pescador” de Hokusai

El sueño de la esposa del pescador” de Hokusai

 

Pero el Ero-guro Nansensu, que es aquel que logra concentrar de manera evidente la libido sexual y la violencia, no se manifestó sino alrededor de 1920 y 1930. Abreviado simplemente como eroguro, su nombre deriva de la unión de las palabras inglesas erotic,  grotesque y nonsense; consiste en la comunión de escenas eróticas o pornográficas marcadas por la violencia física explícita y la unión de elementos grotescos y desagradables.

Este subgénero del gore tuvo su primera aparición distintiva en 1930 con la literatura. Uno de los escritores que dio pie al eroguro dentro de sus tramas es Edogawa Rampo, célebre novelista de misterio que debe su seudónimo a la pronunciación japonesa de Edgar Allan Poe. Sus obras sirvieron de inspiración para la creación de Horrors of a Malformed Men (1969) y Blind Beast (1969) que, junto a Shogun’s Joys of Torture (1968) , son parte del pilar del film eroguro.

The strange tale of the Panorama Island es el texto de Rampo en el cual Teruo Ishii basó la película Horrors of a Malformed Men, pero de forma libre y agregando elementos de otras narraciones del mismo escritor; el film, considerado también un pink eiga, es una pasarela de toda clase de situaciones extravagantes y perversas concebidas por un hombre atormentado por su propia anomalía física. En  comparación con otras películas que gozan con este subgénero gore, no tiene un gran contenido de eroguro ya que se enfoca mucho más en la deformidad, pero en una escena particular se observa la depravación por parte de un personaje secundario; Hirukawa, ayudante del padre del protagonista, habiendo recolectado una gran cantidad de chicas hermosas, se trasviste y escoge a una de las jóvenes para desnudarla y herir sus pechos con un cuchillo mientras se carcajea disfrutando la escena.  No se muestra más, pero por otros elementos de la película como son la escena incestuosa, las mujeres-pez o los experimentos de la isla se logra presentir el final de las secuestradas.

 Otra película que va en la misma línea de sangre es El Imperio de los Sentidos (1974), dirigida por Nagisa Oshima, que toma su trama en El incidente de Sada Abe ocurrido en 1936. El suceso histórico afectó a la sociedad japonesa de ese tiempo por las acciones que pusieron fin a la vida del amante de Sada Abe, y la razón que otorgó a la prensa. Pero el film se enfocó únicamente en las escenas sexuales y mostró de forma explícita la castración y el mensaje con sangre solamente en los últimos 4 minutos  antes de la llegada de los créditos.

 

Página del periodico que habla del incidente

Página del periodico que habla del incidente

Años posteriores a la película franco-japonesa de Oshima, se crearon dos films importantes dentro de este género del cine nipón: Tetsuo The Iron Man y Guinea Pig.

Tetsuo: The Iron Man (1989), dirigida por Shinya Tsukamoto, es una película cyberpunk considerada de culto. Usando una estética en blanco y negro, nos presenta a un par de personajes que se encuentran unidos por un accidente vehicular y que más adelante, por culpa de la metamorfosis de uno de ellos, se enfrentan en una batalla que termina fusionándolos. La película tiene distintos trasfondos, como son la tecnología y el placer, pero en una escena particular, se aprecia este placer que culmina en la muerte. El cuerpo del personaje principal es afectado por los poderes mecánicos de su co-protagonista; cambiando su anatomía se encuentra con un taladro gigante y funcional en el lugar donde antes se hallaba  su pene, lo que sorprende y asusta tanto a él como a su esposa. Después de un pequeño rechazo, reconciliación y persecución nos encontramos ante la escena esperada de sexo, donde la mujer se coloca sobre su esposo y se penetra con su neo-falo ocasionando, al final de su orgasmo, su propia muerte; pero no el fin de la dolorosa y permanente erección. Otra escena sexual interesante en esta película es la previa a la metamorfosis  del hombre de gafas, donde se hace una alusión del sometimiento a la máquina por medio de una escena donde la esposa, en una especie de fusión entre tentáculos y futanari mecánico, sodomiza a su marido.  Aunque no posee en realidad una gran cantidad de sangre en comparación con la siguiente película, sí cuenta con el carácter violento y de humillación propio del eroguro.

 

Imagen de la película Tetsuo: The Iron Man, de Shinya Tsukamoto

Imagen de la película Tetsuo: The Iron Man, de Shinya Tsukamoto

A diferencia de las películas de ya se han mencionado, Guinea Pig incluso ha sido confundida como un material snuff y prohibidas otras películas que lleven el distintivo de su nombre.  Se trata de una serie de seis films donde lo principal es la violencia extrema y detallada que se desarrolla en distintas historias, pero el principio de vida-muerte se encuentra principalmente en la segunda película.

 

 Imagen de  Guinea Pig: Flower of Flesh and Blood, de Hideshi Hino

Imagen de Guinea Pig: Flower of Flesh and Blood, de Hideshi Hino

La trama de Guinea Pig 2: Flower of Flesh and Blood se centra en cómo un hombre vestido de samurai secuestra y mutila a una mujer con distintas herramientas mientras explica a la cámara su siguiente paso.  El samurai inicia todo atándola a una blanca cama e inyectándole un químico que imposibilita a su víctima a sentir dolor, provocando en cambio, una sensación de placer con cada acto violento;  justifica a la cámara su cruel ceremonia con la necesidad de mostrarle la belleza de las flores de sangre. La muestra de una piel suave y blanda al tacto, unos labios rojizos y una desnudez más que evidente, envuelve a las escenas en una capa de erotismo que se remarca en los suaves gemidos de la mujer que permanece en un profundo sueño, en contraste con la insistente violencia que culmina con su descuartizamiento.

Aunque el inicio te hace creer que estás ante un material verídico o por lo menos dramatizado, la película, junto a Guinea Pig 4: Mermaid in a Manhole, fue en realidad dirigida por el dibujante de manga de terror Hideshi Hino, ambas basándose en sus trabajos, los cuales se encuentran más apegados al gore y el placer por sangre que al eroguro. Sin embargo, existen múltiples mangakas  que se especializan en esa categoría.

Fantasías en papel rojo

Imagen del libro The Art of Shintaro Kago

Imagen del libro The Art of Shintaro Kago

Existen siete mangakas reconocidos que desarrollan sus historias dentro del eroguro. Ninguno de ellos comparte el estilo de dibujo, mucho menos la forma de abordar sus mangas, en algunas ocasiones simplemente rozan el concepto de este subgénero y en otras, llegan a un centro grotesco y surrealista.

La violación, el uso de monstruos y tentáculos, las orgías, la imagen de la lolita como víctima y la humillación son elementos que comparten en común los mangakas Jun Hamiya, Toshio Maeda, Henmaru Machino y Horihone Saizo, que se enfocan más en el hentai que en la sangre, pero que acercan la violencia y la provocación en sus trabajos.

Cada uno de ellos se caracteriza, no sólo por la evidente diferencia de sus trazos sino por distintos componentes en las historias que se convierten en sus firmas. Por ejemplo, tanto Saizo como Machino, hacen uso de la imagen de lolita, incluso del shota,  pero el primero se impregna de una inocencia evidente en sus personajes que parecen ajenos a la chocante condición de sus cuerpos, y convierten las situaciones sexuales y humillantes en algo cotidiano. Por otra parte se encuentra Maeda, pionero del tentacle rape moderno, que usa de tema central la violación de mujeres jóvenes por parte de criaturas de todo tipo; su dibujo recuerda a las historias de épicas y fantasía.

En el núcleo del eroguro se encuentran Shintaro Kago, Suehiro Maruo y Waita Uziga. El primero parece jugar con el universo de sus historias; surrealistas, pintorescas, llenas de un especie de humor negro, son presentadas con un dibujo limpio que recuerda al estilo shoujo de Yoshitomi Akihito, pero que de forma tranquila te va orientando a lo macabro. Un claro ejemplo de ello es su serie Funny Girl, que entre la situación tétrica y  cómica nos va arrastrando a observar hasta el final.

Maruo es un caso diferente, lo que realza en sus trabajos es lo siniestro; aunque es nombrado como el maestro del eroguro,  no todas sus obras tratan ello, pero sí sobre la muerte. La estética en su dibujo es mucho más madura que en Kago, el uso de sombras es manejado de forma precisa y en sus ilustraciones a color se guarda cierta semejanza con el arte shunga de la Era Meiji; las vísceras, la sangre, lo desagradable y el desnudo son comunes de encontrar en situaciones de placer. El hilo en común entre ambos no es tanto el erotismo como el juego. Los niños y los adolescentes toman un papel importante en sus historias, en las que la depravación parece el reflejo de una carcajada de una cruel diversión.

Grotesco es el adjetivo correcto para el arte del último mangaka: Waita Uziga. Sus obras exceden el uso de humillación dentro de la violencia, no son realmente algo que cualquiera pueda soportar. Es común que las chicas, víctimas y protagonistas de sus sus historias, terminen convirtiéndose en despojos humanos sin detener en ningún momento la cuestión sexual, incluso aún después de ser sólo una masa amorfa. Con un gran detalle para mostrar las imágenes más chocantes, es posible que sus trabajos sean el último peldaño del eroguro ya que no se mantienen sólo dentro de la fantasía del relato sino que también se inspiran en sucesos reales de asesinato y tortura ocurridos en Japón, como fue el caso del manga Shin Gendai Ryoukiden (2004).

 

Marcuse, en su libro Eros y Civilización (1955), habló sobre la otras aproximaciones a la satisfacción de la líbido sublimada, una de ellas es la socialización. Sin embargo, Japón al  ser una civilización tan supeditada que incluso ha alterado la estructura de sus relaciones sociales, ha convertido a la fantasía en la vía más efectiva para desbocar las necesidades reprimidas, en este caso particular, el sexo. Pero existen quienes creen que la línea que mantiene al margen la realidad es mucho más delgada de lo que puede parecer, ya sea por los casos reales de nipones que han utilizado material gore y eroguro como medio de inspiración para cometer terribles actos o simplemente por la incomprensión y desagrado que pueden provocar,  lo cierto es que desde la postura occidental nos parece imposible entender una cultura tan reprimida que ha encontrado una forma de desfogar su fuerza libidinal que parece ir a la par con una historia manchada en sangre.

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